Comentario de la autora
El protagonista del relato se llama Lluc y sufrió un accidente de coche que le dejó una lesión incompleta en la columna vertebral. Por culpa de esto su cuerpo no funciona correctamente de cintura para abajo, y suele necesitar muletas y rodilleras para andar, e incluso silla de ruedas.
Este relato no busca estar bien escrito, solo son los pensamientos de un joven en su primer día de universidad, cuando conoce a Érika, quien se convertirá en su gran amor.
Espero que os guste 𑣲⋆.
⋆˙⟡ Lluc ⟡˙⋆
Estaba nervioso, probablemente más de lo que había estado en mucho tiempo, ni siquiera las notas de la selectividad me habían puesto tan ansioso como el primer día en la Universidad.
Me reía al ver las típicas películas del chico de pueblo en la gran ciudad, pero joder, así mismo me sentía ahora mismo. Mirando a todos lados como demasiadas personas caminaban, incluso corrían a mi alrededor. Y no hubiese sido para tanto si mi estúpido orgullo no me hubiese obligado a dejar la silla de ruedas en casa, las muletas y las rodilleras me mantenían de pie, pero mantener el equilibrio entre empujones accidentales era abrumador, sumado al cansancio de no haber dormido por los nervios.
Logré llegar a clase, y me entraron ganas de bailar en cuanto senté mi culo en una de las incómodas sillas del aula. Sin duda iría con mi preciosa silla de ruedas al día siguiente, a la mierda con lo que pudieran pensar los demás.
Estaba buscando una posición cómoda, cuando el tiempo se paralizó como en una película mala de romance de las que Naia adoraba. Si alguien me llamase exagerado lo habría atropellado, porque juro que en ese momento entró por la puerta la mujer más increíble que había visto en mi vida. Cabello rizado y flequillo adorable; ojos que desde mi perspectiva, relucían casi en dorado; pantalón vaquero y top de Batman; parecía medio perdida, y por un momento temí que se hubiera equivocado de clase. Así que cuando nuestras miradas se cruzaron, mi boca fue más rápida que yo.
—Electrónica industrial, es aquí.
“Muy bien, Lluc” pensé “Va a pensar que eres subnormal”.
—Menos mal —suspiró ella sonriendo—. Voy perdidísima.
—Yo estaba igual, he tenido que preguntarle a quince personas —bromeé.
Vino a mi lado, por suerte en el lado de mi ojo bueno, no tendría que hacer contorsionismo para verla bien, se sentó y sin querer tiró al suelo una de mis muletas, se agachó a recogerla al instante.
—Lo siento —exclamó poniéndola donde estaba—. ¿Vas cojo el primer día de clase?
Su pregunta sonó agradable, casi divertida, pero yo volvía a sentirme como cuando tenía quince años y me avergonzaba cada vez que tenía que explicar porque mis piernas no funcionaban como debían. El titubeo no me duró mucho, porque ya no era un adolescente, porque había vuelto a aprender a vivir con mi cuerpo.
—Ojalá fuese solo el primer día, soy parapléjico —le dije con una risa, y recé para que ella también se riese, para que no cambiase su actitud.
Primero abrió los ojos sorprendida, y sonrió.
—Hostia —dijo simplemente—. Que putada.
—Ni te lo imaginas —suspiré divertido, y agradecido de que ella no lo hubiese convertido en un momento raro, ni en una charla de apoyo emocional. Odiaba la compasión innecesaria con toda mi alma.
—Me llamo Érika, por cierto —exclamó de pronto, dándose cuenta de que no nos habíamos presentado.
“Le has dicho que eres parapléjico antes que tu maldito nombre, bien hecho, Lluc” me regañé a mi mismo.
—Lluc —exclamé inmediatamente, dándole la mano.
Quería seguir hablando con ella, sobre su top de Batman o sobre cualquier tema que ella hubiese querido hablar conmigo, pero comenzó la clase, y tuve que conformarme con echarle miradas de reojo a aquella fascinante chica.
Cuando al fin fuimos liberados, los dos nos miramos, y hablamos casi a la vez.
—¿Quieres ir a la cafetería?
Fui el primero en contestar la pregunta que ambos habíamos hecho.
—Claro —exclamé, y ya me estaba impulsando en la mesa para ponerme de pie.
Ella tuvo el acierto de no tratar de ayudarme inmediatamente, simplemente se acercó un paso y esperó.
—¿Me pasas esa muleta? Porfa —le pedí, simplemente porque en ese momento sentí que no necesitaba demostrarle nada, ni forzarme para impresionarla, cosa que debía recordarme a mí mismo más a menudo.
El camino hacia la cafetería no fue tan abrumador como el llegar a clase, más que nada porque Érika era una agradable compañía.
Se volvió a poner en mi lado bueno sin necesidad de decirle nada, no sabía si de casualidad o no, y adaptó su paso al mío sin pestañear. Eran cosas básicas, joder, pero acostumbrado a las situaciones que había vivido en el pueblo, se sentía como un milagro.
ME ENCANTA!! PORFAVOR SIGUE DESARROLLANDO LA RELACION PORFAA!!! <333
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