Escena
Al día siguiente, a eso de las 12 del mediodía, alguien desconocido abrió la puerta, era también un chico joven, con una sorprendente piel pálida que contrastaba con su pelo azabache.
—Madison, ¿verdad? El jefe quiere verte —dijo el chico con una sonrisa, la cual no llegó a sus ojos, uno de un azul pálido que indicaba que estaba ciego y el otro gris.
Yo le sonreí y le seguí por el edificio. En ese momento decidí que este sería mi siguiente víctima, Tigre me había enseñado cómo manipular a los demás, conseguir que te cuenten lo que quieres; hacerles creer que estabas enamorada era una buen paso, y tal como Elyan había demostrado, en la intimidad de las sábanas era fácil que las preguntas inteligentes se confundieran con absurdas. Lo más importante era que ellos no se enterasen de que solo los estaba utilizando, Elyan me había dicho que estaban prohibidas las relaciones y que lo "nuestro" tenía que ser un secreto, por lo que no irían por ahí fardando, así que un problema menos.
Entramos al despacho del jefe.
—Yahveh, aquí está Madison —dijo el pelinegro con una inclinación de cabeza.
—Puedes irte, Asher —el aludido obedeció—. Madison, ya tengo lista una investigación para ti.
—Espero estar al nivel —contesté.
—Como es tu primera vez, el resto de miembros se han ofrecido a echarte una mano en su día libre de la semana.
—Genial, me alegra contar con buenos compañeros, pero no quiero ser una carga —las mentiras salían por mis labios con facilidad, siempre había sido así.
—No te preocupes, cada uno irá por la mañana a recogerte a las 10 un día de la semana y te acompañará durante todo el trabajo.
Yo solo asentí con la cabeza, porque así evitaba que se me juntara el ganado.
—Bueno, ya es hora de que empieces con tu investigación.
Y ahí fué cuando empezó lo divertido. Yahveh llamó a Asher, este entró en la sala y me guió hasta una habitación diferente a la que entré la primera vez para ver los huesos.
Había varias mesas, todas llenas de recortes de periódicos, informes, pruebas e imágenes y en la pared una pizarra como las que salían en las series policíacas.
Mi mandíbula casi chocó contra el suelo cuando me di cuenta de lo que debía investigar, la desaparición de “Los ángeles pioneros”, la antigua empresa biotecnológica en la que había trabajado Yahveh. Una chica normal no hubiese notado nada raro, pero yo qué sabía la verdad, me resultó muy raro que Yahveh quisiera investigar la desaparición de su antigua empresa. Esto era demasiado importante como para tratarlo todo yo sola, por lo que decidí que informaría a Lémur, necesitaba que él me ayudase desde fuera, y con algo de suerte todavía no me delataría ante León.
—Bueno, como habrás deducido, yo seré el que te acompañe hoy —dijo Asher sin borrar la sonrisa que trataba de hacer pasar por real.
—Genial, es un placer conocerte —sonreí, dulce.
Las primeras horas pasaron entretenidas entre la investigación, la recopilación de pruebas y el coqueteo con Asher, el cual resultó fácil, ya que era bastante receptivo, pillaba todas las indirectas y las frases con doble sentido y me seguía el juego con facilidad.
Cuando cayó la noche me acompañó a mi habitación, y para mi sorpresa fué él quien tomó la iniciativa y cerró la puerta con pestillo, cierto era que me había seguido el coqueteo todo el día, pero no pensaba que se lo hubiera tomado tan enserio.
Se acercó a mí, tomó mi rostro con gentileza y juntó nuestros labios, el beso se hizo cada vez más intenso, me tumbó en la cama, se acercó a la pared, y apagó la luz, ¿qué tenían estos chicos contra follar con la luz encendida? En ese momento una idea empezó a formarse en mi mente, aunque solo era una hipótesis tonta, por lo menos eso parecía.
Y disfruté de Asher, que sin duda era maravillosamente sexi.
En cuanto el reloj marcó las 10 la puerta sonó, qué puntualidad, pensé.
—Adelante, ya estoy preparada—
Indiqué, la puerta se abrió y entró un chico de unos 22 años, cabello negro, ojos azules, otro príncipe de ensueño, solo que este chico parecía más un témpano de hielo, eso quería decir que lo de ligarselo iba a ser más difícil.
—Me llamo Aslan, seré yo quien te acompañe hoy— Dijo con voz robótica.
Me llevó a la misma sala del día anterior y proseguí con la investigación.
El día fué muy diferente, intenté el mismo método que con Asher, pero no funcionó. Al final decidí probar con observaciones inteligentes, y para mi sorpresa en cuanto hice el primer comentario cayó en mis garras.
Llegó la noche y fuí yo quien tuvo que tomar la iniciativa, le tomé la mano, lo metí en mi habitación, cerré la puerta con pestillo y lo acorralé contra la pared.
—Esto no está permitido— Dijo, intentó sonar firme, pero le salió la voz temblorosa, estaba a punto de perder el control.
—Mientras nadie se entere— Susurré, y eso fué lo que faltó para que se lanzara contra mis labios.
Cuando pensé que por fin podría ver algo, el cabrón apagó la luz.
Ya está, esto es el colmo, pensé, pero todo mi enfadó se fué cuando lo escuché jadear y decir con la voz cegada por el deseo.
—Este será nuestro secreto.
Me entraron ganas de burlarme y preguntarle qué dónde se había ido su voz robótica, pero no lo hice.
Supe que ese día sería difícil en el momento que mi puerta se abrió y un joven con cara de querer ver arder el mundo entró, cabello negro, ojos marrones y piel morena.
—Nos vamos—
Dijo, y sin más empezó a andar, lo seguí sin decir nada, planeando cómo engatusarlo.
Llegamos a la sala y me puse a trabajar, leyendo informes, haciendo teorías y descartando algunas conforme leía otras pistas.
Habían pasado un par de horas cuando me atreví a hablar.
—¿Puedo saber tu nombre?—
Pregunté neutra, supuse que con ese chico lo mejor era no hacerse la tontita.
—Adivinalo— Soltó irónico.
—Se me da bien deducir, no soy vidente, hay una clara diferencia— Bufé.
Él gruñó y yo sonreí ante su reacción. Ya sabía que tipo de chico era este, solo tenía que provocarlo, tanto emocionalmente como sexualmente, y ya estaría. Así que eso hice.
Cuando llegó la noche me empujó de cara contra la pared y cerró la puerta. Sentía su pecho subir y bajar contra mi espalda y en cuanto me moví pude sentir también su pene.
—Llevas todo el puto día provocandome, ¿es esto lo que querías?—
Susurró en mi oído y empezó a besar mi cuello, yo rezaba en silencio para que no me dejase ninguna marca visible, por suerte no lo hizo.
Cuando apagó la luz no me sorprendió, ya me lo esperaba.
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