Noticias

˙⋆✮NOTICIAS✮⋆˙ ⋆. 𐙚˚࿔ Nuevo Tutorial: Entradas dinámicas: Parte 1 𝜗𝜚˚⋆

27/07/2022

Los hijos malditos (2022): Capítulo 3

Capítulo 3 (Versión antigua)

Ve al prólogo de la versión actualizada.

Abrir entrada

O sigue leyendo la versión antigua.

Escena

Mi pensamiento estaba dividido entre pasar tiempo con los que ya conocía o conocer a los que no. No tuve la oportunidad de elegir, al llegar, Cassandra me dijo que los cuatro habían salido, y que ella también debía hacerlo durante unos días, me dejó de tareas conocer a los demás chicos. Eran doce en total, y ya conocía a cinco, a pesar de no tener muy buena relación con uno de ellos.

Lo único que se me ocurrió fue ir a la zona común, no había nadie, y sin pensarlo demasiado aproveché aquel momento para escuchar música.

Una preciosa voz comenzó a acompañar la melodía, parecía ser cada vez más cercana, hasta que un chico de aspecto peculiar entró a la sala, su cabello bicolor era llamativo, la mitad azul claro y la otra rosa; las dos alegres colas que tenía, una terminada en un corazón azul y la otra en una pica rosa danzaban al compás de la música. Pareció congelarse al verme, tanto sus colas como sus brazos cayeron, dándole un aspecto ligeramente tétrico.

—Hola, soy Érika —me presenté, intentando romper aquel momento incómodo.

—Yo soy Nathan, preciosa.

El cambio brusco de actitud me sorprendió, pero más lo hizo cuando enseguida sus mejillas se coloraron y se disculpó, entendía poco, pero eso era algo normal en aquel lugar, así que pensé que tal vez el chico tuviera doble personalidad o alguna explicación similar.

—Nathan a veces es un poco invasivo, lo siento, yo soy Noah.

Eso me descolocó un poco, y a pesar de que mi cabeza quería asimilarlo para dar la mejor respuesta posible, mi silencio fue interpretado de manera errónea.

—Noah, ya la has asustado, te dije que actuáramos como si solo fuésemos uno.

—¿Y por qué tenías que ser tú?

—Esperar —deseé no haberme equivocado al hablar en plural—. No lo entiendo del todo bien, ¿sois dos?

—En realidad somos tres, fíjate.

Tomó, o tal vez tomaron mis manos llevándolas a su pecho, realmente podía sentir el latido de tres corazones. Cuando les miré a los ojos, antes un iris blanco y el otro negro, se habían quedado en solo la blanca esclerótica. De un empujón caí de culo.

—¿Estás bien? Lo siento tanto.

Se acercaron corriendo a mi, volvían a tener iris y pupilas.

—A Neo no le agradan los extraños —murmuró quien tenía la personalidad algo más tímida, supuse que era Noah.

—Lo siento, Neo; no pretendía incomodarte.

Eso pareció hacerle gracia a alguno de los dos, porque rió.

—No ha sido tu culpa, Nathan debería dejar ser tan impulsivo y recordar que no está solo —el tímido y dulce era sin dudas Noah.

—No pensé que Neo reaccionaría a si —se defendió Nathan, y me di cuenta de una cosa.

—Cuando es Nathan quien está, la cola rosa vibra, y cuando es Noah, es la azul la que vibra.

Noah se quedó quieto, avergonzado al darse cuenta de que había visto sus colas.

—Que observadora —exclamó Nathan, gratamente sorprendido—. Me gustas, nena.

—De verdad que sois muy diferentes, Noah es muy amable, y Nathan un idiota.

—Oye, que mala —se quejó Nathan mientras fingía sentir un gran dolor en el pecho.

—Es increíble lo fácil que los has asimilado, ¿realmente no te asusta todo esto? —Noah parecía muy inseguro al respecto.

—No demasiado, sois raros, no voy a mentiros, pero no dais miedo.

Supuse que mi sinceridad lo dejó más tranquilo.

—Creo que la más rara de aquí eres tú —comentó Nathan—. Nunca nadie de fuera de estas paredes nos había tratado así —lo dijo con ligereza, como si fuese un dato tonto.

—Joder, eso es horrible, Nathan, no lo digas como si fuese un dato curioso —lo miré a los ojos.

—No te preocupes tanto, al final te acostumbras —seguía restándole importancia, con una sonrisa traviesa en el rostro, pero se notaba que le costaba mantenerla.

Les tomé la mano, temí incomodar a Neo, pero no hizo acto de presencia.

No dije nada, no sabía qué hacer para que se sintieran mejor.

—Érika, ignora lo que ha dicho Nathan, quédate simplemente con que estamos muy agradecidos de que estés aquí, y de que nos trates tan bien —Noah me acarició de forma tímida la mejilla, y me regaló una sonrisa triste.

No pude evitar dejar un beso en su frente.

—Casémonos —Nathan me sorprendió, tomó mis manos y me miró de forma intensa, provocándome un vuelco al corazón.

—Con el debido respeto, yo la conocí antes —interrumpió Elain.

—Siento no haber estado cuando has venido, teníamos pendiente lo de plantar las flores, ¿no? —dijo emocionada.

—Por supuesto —contesté, compartiendo su entusiasmo—. Noah, Nathan, Neo, ha sido un placer conoceros, espero que podamos compartir más momentos.

Me fuí con Elain al jardín, parecía tan feliz que me invadió una profunda sensación de bienestar.

Fue una experiencia preciosa, al acabar ambas estábamos manchadas de tierra, nos sentamos juntas y apoyé mi cabeza en su hombro.

—Me alegro tanto de haber aceptado el trabajo —susurré más para mi que para ella.

—Me alegro tanto de que lo aceptaras, de que nos aceptaras —me devolvió el susurro.

—Bu.

Salté por los aires a una velocidad inhumana, mientras Lila que había vuelto visible solo su cabeza tenía un intenso ataque de risa.

—Perdóname, no he podido evitarlo.

—Lila, cero gracia, casi me da un paro cardiaco —le regañé a gritos mientras intentaba controlar mis pulsaciones.

—Perdóname, ¿si? —susurró tomándome por la cintura, el contactó de su piel desnuda contra mi cuerpo me provocó un escalofrío agradable.

—Distancia.

Elain nos separó con sus antenas, acto que provocó el reproche de Lila y mi risa.

—Érika, ven un momento, necesito enseñarte algo.

La chica invisible me tomó de la mano y corrió hasta una habitación, dejando a Elain en el jardín.

—Cierra los ojos —me dijo antes de abrir la puerta.

Le hice caso y al abrirlos pude ver unos hermosos cupcakes.

—¿Qué te parecen?¿Te gustan estas cosas? —preguntó algo tímida.

—Lila, son increíbles, tienes mucho talento para la cocina.

—Dime eso después de probarlos, ¿si?

Tomé uno entre mis manos y le di un bocado, el dulce sabor inundó mi paladar.

Era algo difícil expresar lo mucho que me gustaban con la boca llena, así que Lila me hizo callar, había vuelto a ser completamente invisible, así que no podía ver su rostro, pero deseé que tuviera una sonrisa.

—Lila, eres increíble, estaban deliciosos.

Acerqué mi mano donde debía estar su rostro, para poder tocar su expresión, saber cómo se sentía.

Ella puso la suya sobre la mía, aunque no podía verla sentí su cálido tacto. Noté un ligero pinchazo en el corazón al ver sus lágrimas, era un extraño panorama, una cascada caía de donde no parecía haber nada.

—Lo siento —se disculpó secando sus lágrimas.

Aparté sus manos para secarlas yo, acerqué mis labios al lugar en el que probablemente estaba su frente, dándole un cálido beso.

—Muchas gracias por los cupcakes, y por enseñarme una nueva faceta de ti —le susurré.

—Eres tan fantástica, no tienes ni idea de lo que has hecho al venir aquí —murmuró—. No recordaba la última vez que vi a Elain, Irina, y a los demás tan felices, ni siquiera recuerdo haberlos visto así alguna vez, pero desde que llegaste aquí sonríen.

—¿Y tú?¿Estás feliz? —le pregunté.

—Como nunca —me confesó.

Salimos de la habitación, ella estaba más energética que antes.

—Lila.

Una voz que no conocía hizo que ambas nos girásemos.

—Seith, aún no conoces a Érika, ¿no?, ven a conocerla —exclamó la animada chica invisible.

El joven me dedicó una mirada que me hizo abrir la boca sorprendida, debía tener cuatro ojos, aunque los de un lado estaban tapados por un parche.

Sus iris eran blancas carentes de pupilas y sus escleróticas rojas, en total contraste con su largo cabello blanco, y su piel pálida, era tan hermoso que parecía sacado de un cuento.

—Ahora no, hay un problema con Kardian.

No entendía por dónde iban los tiros, pero la reacción de Lila me aseguró que no era algo bueno.

—Érika, tengo que irme un momento, ve con alguien y no salgas, por favor, promételo.

Su insistente tono no me dió más remedio que prometerlo, una vez salió corriendo me fuí directa a la habitación de los mellizos, en busca de una explicación.

—¡Te odio!¡Eres lo peor!¡Todo fue tu culpa!¡Por tu culpa murieron papá y mamá! —escuché como gritaba Irina—. Te odio, te odio, te odio.

Lo repetía cada vez más alto, hasta que el receptor de aquellas palabras explotó.

—Joder, ¡ya se que fue mi culpa! —esa voz era de Aster—. Tengo que vivir con eso para que encima tú me lo recuerdes cada vez que tienes un ataque.

Abrí la puerta justo cuando Irina parecía querer decir algo más, pero Aster no se lo permitió.

—Vete, vete, joder.

Se le veía tan enfadado que era imposible replicarle.

Irina salió de la habitación, cuando su mirada se cruzó con la mía pude notar cuánto pánico había en sus ojos, al descubrir que yo lo había escuchado todo. Quería decirle unas cuantas cosas, pero me pareció más urgente hablar con Aster, así que le cerré la puerta, quedando yo dentro de la habitación.

—Érika, siento que hayas tenido que ver eso, pero necesito estar solo —susurró mientras pasaba la mano por la mitad quemada de su rostro, luchando por controlar su voz.

—Lo que menos necesitas ahora es estar solo, no molestaré, pero no pienso irme —dije con voz firme y me senté en la cama.

Esas palabras parecieron ablandar su corazón, porque por primera vez lo vi deshacerse por completo de su escudo y romper en llanto, dejando salir todo el dolor con el que lidiaba.

—No tienes que lidiar con esto solo —susurré mientras le abrazaba, él escondió su cabeza en mi cuello, y envolvió mi cuerpo con sus brazos.

—Estoy aquí contigo, no voy a dejarte —le murmuraba frases de consuelo mientras acariciaba su cabello.

Cuando por fin se apartó me sonrió con la dulzura más pura que jamás había visto. Las palabras salieron solas de mis labios.

—Tienes una sonrisa hermosa.

Él pareció algo avergonzado y subió su mano hasta la zona en la que su falta de labio dejaba a la vista sus afilados dientes.

—Eso no le quita hermosura a tu sonrisa —dije tomando su mano.

—Érika, siento lo que has visto, pero no es lo que parece.

—¿No es lo que parece?¿Qué otra cosa puede ser?

Había escuchado a Irina gritarle cosas horribles.

—Irina a veces tiene ataques de ansiedad, y para no lastimarse, empezó a desahogarse conmigo —me confesó, se notaba que no le guardaba rencor a su hermana.

—Entiendo el punto, de verdad, pero no quiero que te lastime a ti tampoco.

Aster se quedó en silencio.

—Si consiguiera que Irina estuviese mejor, ¿también lo estarías tú?

—Si Irina es feliz yo lo soy —susurró.

—Os haré felices a los dos —prometí besando la mejilla quemada de Aster, él se sonrojó y apartó la mirada, sorprendido y avergonzado.

—Aster, Érika, lo lamento mucho—dijo Irina asomada a la habitación.

—Sabes que no pasa nada —contestó su hermano y se levantó para abrazarla.

—No quiero seguir pagándolo contigo, no es tú culpa, no fue tú culpa Aster —Irina tenía las mejillas surcadas de lágrimas.

—Sabes que puedo aguantar lo que sea con tal de que no te lastimes.

—No lo haré, ahora estoy algo mejor que antes.

Tras decir aquello Irina me miró con una timidez impropia de ella, alargó su mano hacia mi, yo la tomé y me uní al abrazo.

—Cuidaré de los dos —prometí.

—Y nosotros cuidaremos de tí, ¿verdad Asterito?

El mencionado asintió.

Entonces recordé por lo que había venido y se lo conté, ellos se miraron preocupados.

—Nosotros también deberíamos ir, haz caso a Lila y no salgas —tartamudeó Irina antes de salir corriendo acompañada de su mellizo.

Volví a quedarme sola, cada vez más asustada.

Probé a tocar alguna puerta, deseando encontrar a alguien que pudiese explicarme que estaba ocurriendo.

—¿Qué cojones quieres?

Sin lugar a dudas no esperaba encontrarlo a él.

Ni siquiera pude contestar, se oyó un grito grave de dolor, y mi cara reflejó él miedo que sentía.

Luciel tomó mi mano y me arrastró dentro de la habitación, mi cuerpo temblaba.

—¿Dónde cojones están los demás? ¿Por qué tenías que tocar a mi puerta? —me gritaba enfadado, y todo el valor que tuve para enfrentarme a él la otra vez había sido reducido a cenizas.

—Lo siento, los demás se han ido, y me han dicho que no salga, no quería molestarte, pero no entiendo que pasa y estoy asustada —dije atropellando las palabras.

Él pareció darse cuenta de que su actitud solo empeoraba la situación, así que se alejó de mí y se sentó en la cama, parecía agotado.

—Joder, no me extraña que tengas miedo, esto es con lo que no quería lidiar, con tu miedo, serán imbéciles, ¿cómo se les ocurre dejarte sola sin explicarte nada? —murmuró para sí, su tono logró que me relajara un poco, parecía enfadado, no preocupado.

Me acerqué un poco a él, estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta de que estaba enfrente suya.

Se pasó la mano por el pelo, dejando ver lo que ocultaba su flequillo, su ojo había sido reemplazado por la esfera de un reloj naranja. El cual marcaba la hora perfectamente, al igual que los casi cien relojes que ocupaban prácticamente todas las superficies de la habitación, a excepción de la cama y parte del suelo.

—Lucien, ¿no es exasperante escuchar todo el rato el tictac? —pregunté, refiriéndome a los relojes de su habitación.

Me dedicó una risa amarga.

—Cuando llevas casi toda tu puta vida con un reloj por ojo te acostumbras, pero si te molesta tanto puedes irte.

—Lo siento, no pretendía molestarte.

—¿Igual que las otras veces?

—Las otras veces solo me estaba defendiendo.

Se quedó en silencio, con la mirada fija en mis manos, que aún temblaban ligeramente.

—No tienes que estar tan preocupada, no va a pasarte nada —murmuró al fin, sorprendiéndome por el tono dulce que había utilizado.

Asentí con la cabeza a modo de agradecimiento.

Después de unos minutos otro grito volvió a cortar el aire, y yo me encogí por el miedo.

Luciel hizo algo que no me esperaba, me enrolló con una manta y me tumbó a su lado.

—Ya te he dicho que voy a cuidar de ti, deja de tener miedo —murmuró sin mirarme a los ojos.

Me pegué a su cuerpo, que a pesar de estar delgado, era más grande que el mío.

Estuvo unos momentos sin saber muy bien que hacer, pero al final me rodeó con sus brazos.

Imagen de personaje

No hay comentarios:

Publicar un comentario

GIF decorativo