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12/02/2024

Los hijos malditos: Capítulo 5

Capítulo 5

Escena

La mañana siguiente mi pensamiento estaba dividido entre pasar tiempo con los que ya conocía o tratar de conocer a los que no. No tuve la oportunidad de elegir, al llegar, Cassandra me dijo que los cuatro habían salido, y que ella también debía hacerlo durante unos días.

—No debes preocuparte, Elain y los demás te pueden ayudar en todo lo que necesites, aunque sé que tú y Jake podéis trabajar bien solos.

Lo único que se me ocurrió para pasar el rato fue ir a la sala de estar, no había nadie, y sin pensarlo demasiado aproveché aquel momento para escuchar música.

Una preciosa voz masculina comenzó a acompañar la melodía, parecía ser cada vez más cercana, hasta que un chico entró a la sala, su cabello era castaño claro; su peculiaridad debían ser las dos colas largas y delgadas que danzaban al compás de la música, una negra, la otra blanca; y sus curiosos ojos heterocromáticos, uno tan oscuro que no se distinguía la pupila, el otro gris pálido. Pareció congelarse al verme, tanto sus colas como sus brazos cayeron, dándole un aspecto ligeramente tétrico.

—Hola, soy Elena —me presenté, intentando romper aquel momento incómodo.

—Yo soy Nathan, preciosa.

Recordé que Jake me había hablado de él, así que le sonreí.

Me sorprendió que un instante después sus mejillas se tiñeran de rojo y se disculpara, entendía poco, pero eso era algo normal en aquel lugar, así que pensé que tal vez el chico tuviera doble personalidad o alguna explicación similar.

—Nathan a veces es un poco invasivo, lo siento, yo soy Noah.

Eso me descolocó un poco más, y a pesar de que mi cabeza quería asimilarlo para dar la mejor respuesta posible, mi silencio fue interpretado de manera errónea.

—Noah, ya la has asustado, te dije que actuáramos como si solo fuésemos uno.

—¿Y por qué tenías que ser tú? Además, Jake ya le había hablado de nosotros.

—Esperar —deseé no haberme equivocado al hablar en plural—. No lo entiendo del todo bien, ¿sois dos personas diferentes?

—En realidad somos tres, fíjate.

Tomó, o tal vez tomaron mis manos llevándolas a su pecho, realmente podía sentir el latido de tres corazones, cada uno a una velocidad diferente. Cuando les miré a los ojos, se habían quedado en solo la blanca esclerótica. Luego de un empujón me caí de culo, me quedé allí, sorprendida por la agresividad repentina.

—¿Estás bien? Lo siento tanto.

Se agacharon a mi lado, manteniendo la distancia, volvían a tener iris y pupilas.

—Neo no soporta el contacto con extraños —murmuró quien tenía la personalidad algo más tímida, supuse que era Noah.

—Lo siento, Neo; no pretendía incomodarte.

Eso pareció hacerle gracia a alguno de los dos, porque rió.

—No ha sido tu culpa, Nathan debería dejar ser tan impulsivo y recordar que no está solo —el tímido y dulce era sin dudas Noah, ni siquiera me miraba a los ojos.

—No pensé que Neo reaccionaría a si —se defendió Nathan, y me di cuenta de una cosa.

—Cuando es Nathan quien está, la cola negra vibra, y cuando es Noah, es la blanca la que vibra, bueno, y cuando es Neo, supongo que se os ponen los ojos en blanco.

Noah se quedó quieto, avergonzado al darse cuenta de que había visto sus colas.

—Que observadora —exclamó Nathan, gratamente sorprendido—. Me gustas, nena.

—De verdad que sois muy diferentes, Noah es muy amable, y Nathan un idiota.

—Oye, que mala —se quejó Nathan mientras fingía sentir un gran dolor en el pecho.

Mientras tanto yo maldecía internamente, ¿por qué ellos también tenían ojeras y tristeza en la mirada? La actitud de Nathan solo lograba entristecerme más, porque a pesar de sonar bromista y desenfadado su mirada se oscurecía en todo momento.

—Es increíble lo fácil que los has asimilado, ¿realmente no te asusta todo esto? —Noah parecía muy inseguro al respecto, era el primero en preguntármelo directamente, a pesar de su timidez, pero supuse que a todos se les había pasado por la cabeza.

—No demasiado, sois peculiares, no voy a deciros lo contrario, pero no dais miedo.

Noah asintió, algo más tranquilo.

—Creo que la más rara de aquí eres tú —comentó Nathan—. Nunca nadie de fuera de estas paredes nos había tratado así —lo dijo con ligereza, como si fuese un comentario sin más.

—Joder, eso es horrible, Nathan, no lo digas como si fuese un dato curioso —lo miré a los ojos.

—No te preocupes tanto, al final te acostumbras —seguía restándole importancia, con una sonrisa traviesa en el rostro, pero se notaba que cada vez le costaba más mantenerla.

No dije nada, no sabía qué hacer para que se sintieran mejor.

—Elena, simplemente ignora lo que ha dicho Nathan, quédate con que estamos muy agradecidos de que estés aquí, y de que seas tan comprensiva y amable con nosotros —dijo Noah, su voz entre triste y amable.

Asentí y le sonreí con cariño.

—Casémonos —Nathan me sorprendió, se arrodilló y me miró de forma intensa, provocándome un vuelco al corazón.

—Con el debido respeto, yo la conocí antes —interrumpió Elain.

Nathan bufó.

—Siento no haber estado cuando has venido, teníamos pendiente lo de plantar las flores, ¿no? —dijo emocionada.

—Por supuesto —contesté, compartiendo su entusiasmo—. Noah, Nathan, Neo, ha sido un placer conoceros, espero que podamos compartir más momentos.

Fuí con Elain al jardín, parecía tan feliz que me invadió una profunda sensación de bienestar.

La experiencia fue preciosa, al terminar ambas estábamos manchadas de tierra, nos sentamos juntas y apoyé mi cabeza en su hombro, tenía fe en que toda la investigación que hice anoche sirviera para algo.

—Me alegro tanto de haber aceptado el trabajo —susurré más para mi que para ella.

—Me alegro tanto de que lo aceptaras, de que nos aceptaras —me devolvió el susurro.

—Lady Rinocabradragón, Elain, buenos días —Jake entró al jardín a toda velocidad y saltó encima nuestra, abrazándonos a las dos con sus pequeños brazos.

Ese día la dulce Elain decidió apuntarse a nuestras clases, me ayudó con los juegos y las explicaciones más básicas, me sentía muy cómoda en su compañía. Hablamos sobre el gusto, él había conseguido unas galletas hechas por Lila como representación, nos las comimos gustosos. Luego comentamos los diferentes medios de transporte y por último repasamos las sumas y la comparación de números.

Por desgracia ese día no pude quedarme a comer, ya que tenía planes, ni siquiera tuve la oportunidad de saludar a Lila o a los mellizos.

Al llegar a casa apenas tuve tiempo de asearme un poco y preparar una comida rápida antes de que sonara el timbre.

Abrí la puerta y abracé con fuerza a mis padres, los había echado mucho de menos, por desgracia mi hermano no había podido venir.

—¿Cómo está nuestra adulta independiente favorita? —saludó mi padre con energía y me hizo girar en sus brazos.

—Vuestra adulta independiente favorita está trabajando como profesora particular —dije con orgullo.

—Tan inteligente como tu madre —exclamó mi padre mientras se secaba unas lágrimas imaginarias.

Mi madre sonrió con orgullo.

Los invité a pasar y nos sentamos en la mesa después de servirla, en cuanto di el primer bocado empezó el interrogatorio.

—¿A quién le estás dando clase? ¿Qué edad tiene? —comenzó mi madre, podía parecer algo callada, pero en lo que a curiosidad se trataba era casi peor que yo.

—Se llama Jake, es un nene encantador de seis años —dejé paso a la siguiente pregunta, sabía que la mejor forma de llevar una conversación con mi madre era con respuestas directas.

—¿Se porta bien? ¿Es de alguna familia adinerada? ¿Te pagan bien? ¿Son buenos contigo? —mi padre simplemente seguía la conversación con interés.

—Se porta súper bien, es una familia de clase media —no estaba segura de que eso fuera del todo verdad—. Tengo un sueldo bastante bueno, son completamente increíbles conmigo.

Noté como se formaba una sonrisa sospechosa en mi rostro, traté de disimular, pero a los ojos avispados de mi padre no se les escapaba nada.

—Si que deben ser muy increíbles si, ¿a quién has conocido? —preguntó él con una mueca divertida.

—¿No me digas que has conocido a alguien especial? Nombre, género y edad, ¿se porta bien contigo? —mi madre se había hasta levantado de la silla.

—Cariño, podrías sentarte, estás poniendo nerviosa a la chiquilla.

Noté como mis mejillas estaban al rojo vivo.

—¿Entonces no me lo vas a decir? —mi madre hizo un puchero.

Pensé en la dulce Elain, en la energética Irina, en el considerado Aster, en la divertida Lila, en el tímido Noah, el gracioso Nathan e incluso en el casi desconocido Neo, por último se me pasó por la cabeza el idiota de Luciel.

—No es nada de eso, mamá —respondí.

Terminamos de comer hablando sobre la universidad y sus trabajos, mi padre era panadero y mi madre médica.

Luego nos sentamos en el sofá de mi sala de estar.

—Bueno, ¿y eso de qué trata? —preguntó mi madre mirando hacia el tablón en el que tenía mis teorías e investigaciones sobre los hijos de Cassandra, demasiado tarde me di cuenta de que había dejado abierta la puerta de mi habitación.

—Si, bueno, verás —me puse algo nerviosa—. Es un proyecto sobre algunos sucesos extraños que he encontrado por internet.

Odiaba mentir a mis padres, pero sabía que no creerían la verdad, y mucho menos la aceptarían tan fácilmente como yo.

Mi madre se levantó para echarle un ojo, y yo la seguí.

—¿Mutantes? Es un tema curioso —declaró tras leerlo todo por encima.

—Hablando de mutantes —exclamó mi padre desde el sofá—. ¿Habéis visto las noticias de hoy?

Aún no había tenido tiempo de hacerlo, era algo a lo que me dedicaba mientras cenaba.

—¿Tú sí? —preguntó mi madre extrañada, a mi padre no le iba mucho aquello.

—Me lo han contado unos clientes de la panadería —aclaró—. Resulta que han asesinado a un hombre en su propia casa.

—Es algo horrible, ¿pero que tiene que ver eso con los mutantes? —daba un poco de miedo, deseé que mis amigos estuvieran a salvo en su hogar.

—Algunos testigos afirman haber visto un ser similar a una persona pero con extrañas protuberancias blancas saliendo de su piel, como si se le salieran los huesos del cuerpo —había bajado el volumen, para hacerlo todo más dramático.

—Papá, no puedes creer todo lo que dicen por ahí, tal vez esos testigos no hayan visto nada realmente, o si lo vieron tal vez solo fuera una ilusión óptica —por fuera mostraba desinterés, pero mi corazón se había acelerado sin razón aparente.

Él simplemente se encogió de hombros y cambiamos a otros temas más amenos.

En cuanto mis padres se fueron corrí a buscar la noticia que había mencionado mi padre y añadí nueva información al tablón, ¿alguno de los hijos de Cassandra tendría una peculiaridad similar a la que vieron esos testigos?

Imagen de personaje

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