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10/08/2022

Que ardan los sueños: Capítulo 2 (Versión borrador)

Capítulo 2 (Versión borrador)

Escena

Erea

No podía creerse que hubiesen llamado a su hermano a dirección, era imposible que él hubiese matado a nadie.

La ansiedad la carcomía por dentro mientras trataba de parecer despreocupada con las piernas cruzadas en un sillón fuera del despacho de la directora.

Miró a su alrededor buscando algo con lo que distraerse, cuadros horribles, una alfombra más antigua que la propia directora, otro sillón igual de feo que en el que estaba sentada, allí no había nada que pudiese calmarla.

Una notificación la hizo suspirar, DinosaurioRosa le había enviado un mensaje, era un usuario de internet con el que había empezado a chatear hacía casi un año. No sabía mucho de ella, solo que usaba pronombres femeninos y que tenía una habilidad increíble para hacerla sentir mejor.

«¿Cómo te va el día mi cerezita?». Aquel simple mensaje le hizo sonreír.

«Alguien muy cercano a mi está teniendo algunos problemas, estoy bastante preocupada». Le respondió, ninguna de las dos daban muchos detalles al hablar sobre su vida personal, y a ninguna de las dos parecía importarles..

«Siento mucho que tú y la persona cercana a ti estéis pasándolo mal, estoy segura de que seréis lo bastante fuertes como para superarlo, y sabes que si necesitas distraerte con alguien estoy siempre disponible para ti <3».

«Muchas gracias por todo corazón, hablamos luego <3». Escribió a toda prisa al ver que su hermano salía del despacho.

—¿Qué te han dicho? —preguntó Erea con el corazón en la garganta.

—Que de momento no hay pruebas que me señalen como culpable, así que no pueden hacerme nada —contestó Aidan, tenía los puños tan apretados que sus nudillos estaban blancos—. Pero que soy el principal sospechoso, y que si en una semana no encuentran nada que señale hacia otra persona me enviarán a casa por precaución.

Erea se pasó las manos por la cara, frustrada por no poder hacer nada para ayudar a su hermano mayor.

—¿Qué vas a hacer?

Aidan no respondió, a Erea le hubiese encantado saber que se le pasaba por la cabeza.

—Aidan, tenemos que hacer algo, aún tenemos una semana antes de que te envíen a casa, e incluso tal vez encuentren algo que te descarte como el culpable. —la voz de Erea era firme, no sonaba preocupada, sino decidida—. Podemos buscar pistas por nuestra cuenta, hablar con otros alumnos.

—¿Tú crees que cualquier cosa que digamos tú o yo se va a tomar en serio? —Erea jamás había escuchado a su hermano hablar en un tono tan bajo y eso le sentó como un balde de agua fría, él había perdido toda la esperanza.

—Podemos decirle a Blaze y a los otros que hablen por ti, tal vez a ellos les crean aunque sean tus amigos.

—No seas ingenua Erea, no es tu estilo. —Aidan miró a su hermana a los ojos—. No hay forma de escapar de esto, van a enviarme a casa.

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Adara

—¿Soy yo o los dos están demasiado preocupados por que manden a Aidan de vuelta a casa? —preguntó Asher mientras él y Adara observaban la escena desde la puerta.

—¿Por qué crees que será? —Adara estaba mortalmente intrigada, y miles de teorías viajaban a toda velocidad por su cabeza—. ¿Tú crees que es culpable?

—Para nada, estoy contigo, no creo que Aiden haya matado a nadie.—contestó Ash—. Pero Casey opina que su hermana sí que sería capaz.

—Es porque liga más que ella, su opinión no es objetiva. —Adara miró hacia los hermanos para luego mirar a Ash—. Creo que deberíamos salir por patas, vienen hacia aquí.

Ambos salieron corriendo antes de ser cazados por los hermanos Goldflames.

Dos horas más tarde el trío calavera, como solían apodarse en broma, estaba reunido en la habitación de Adara, su base de operaciones.

—¿Planes para esta semana?, esto del toque de queda y la prohibición de los paseos individuales nos ha trastocado todo. —comentó Casey tumbada en el suelo sobre un cojín rojo.

—No creo que debamos hacer ninguna locura, sería una falta de respeto hacia la víctima. —contestó Ash mientras terminaba un trabajo de literatura en el ordenador de Adara.

—También tienes razón, Ash. Adara, ¿tú qué opinas? —la mencionada bajó de las nubes al escuchar su nombre en la conversación, y miró a sus amigos sin saber qué decir—. Digo que qué vamos a hacer esta semana.

—Creo que deberíamos echarle una mano a Aidan. —le había costado tomar esa decisión, pero tras valorarlo se dió cuenta de que no tenían mucho que perder.

Casey y Ash se miraron sin poder creer lo que acababan de escuchar.

—¿Quién narices eres tú y qué has hecho con Adara? —exclamó Casey levantándose de un salto y apuntando a la pelirroja con el cojín.

—¿Es qué ya no odias a Aidan? —preguntó extraño Asher—. ¿O es que te has vuelto una persona moralmente correcta y crees que debemos ayudar a hacer justicia?

—Ni una cosa ni la otra, simplemente he pensado que estaría muy muy bien que el temido y popular Aidan Goldflames nos debiese un favor bien gordo. —contestó Adara con una sonrisa peligrosa en el rostro—. ¿Sabíais que tiene VIP en la discoteca del pueblo, además de barra libre?

—La verdad es que no está mal saberlo. —contestó Casey, entendiendo por donde iba su amiga—. Como iba diciendo, creo que debemos ayudar a Aidan.

—Yo no bebo, y sabéis que no me gustan las discotecas, ¿qué gano yo con todo esto? —preguntó Ash viendo que sus amigas ya estaban tramando un plan posiblemente horrible.

—Absolutamente nada, pero resulta que tú si que eres moralmente correcto. —fue la respuesta de Adara, quien tenía una sonrisa de oreja a oreja.

—No tenéis ni idea de lo mucho que os odio. —protestó Ash sabiendo que había perdido la pelea.

—Nosotras también te queremos. —contestaron las chicas al unísono.

—Bueno, ¿cuál es el plan? —era la pregunta que Casey siempre hacía.

—Primero voy a hablar con Aidan, deberíamos hacer un buen trato, ya sabéis, por si no está muy dispuesto a devolver favores.

—¿Y cómo vas a asegurarte de qué no ignore su parte del trato? —Ash parecía escéptico mientras miraba a Adara.

—Tú tranquilo, tengo una idea impresionante.

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Aidan

Su grupo de amigos se encontraba inusualmente callado mientras cenaban, ninguno parecía tener apetito.

Estaba apunto de volver a su habitación cuando una presencia poco bienvenida se sentó a su lado.

—¿Os podéis creer que me han prohibido dorar nubes de azúcar en el comedor? Ni que fuese a quemar el edificio. —dijo la voz que más rápido le hacía perder los nervios.

—¿Y qué se supone que estás haciendo ahora mismo? —preguntó Gabriel con una sonrisa coqueta mientras la estúpida pelirroja se metía en la boca la nube que acaba de dorar con sus dedos.

—¿Yo? Absolutamente nada, ¿y vosotros? —Adara estaba totalmente tranquila, mientras se recostaba en la mesa.

—¿Qué cojones quieres? —desde luego que no estaba de humor para sus numeritos.

—Ah sí, yo había venido a hablar contigo, Aidan. —el mencionado frunció el entrecejo al escuchar que la chica lo había llamado por su nombre, todos en la mesa la miraron como si hubiese perdido la cabeza.

—¿Y por qué debería yo hablar contigo, Adara? —su voz era peligrosamente grave, y puso especial énfasis en nombrarla.

Tal vez esperaba en ella otra reacción, pero la sonrisa que le dedicó hizo que la intriga superase a todo lo demás, aunque Adara no hubiese contestado probablemente le hubiese interesado lo que había venido a decirle.

Todos los demás se miraron con desconcierto ante la respuesta de la pelirroja.

—Vengo a ofrecerte un trato, pero es entre tú y yo.

Se levantó sin pararse a mirar si Aidan la seguía, y se dirigió hacía uno de los pasillos, lo suficientemente ocultos como para tener privacidad, pero no tanto como para parecer sospechosos.

El chico apoyó la espalda en la pared, esperando a que Adara hablase.

—Levántate un poco la camiseta. —la voz de la chica había adoptado un tono serio, nada propio de ella.

—¿Por qué cojones iba a hacer eso? —la fachada de Aidan seguía fuerte, pero un miedo interno afloró en él.

—Deja de comportarte como un idiota y levántate la camiseta.

En la cabeza del castaño no paraban de pasar momentos en los que Adara podría haberse dado cuenta de que había algo mal con él.

—Venga Aidan, ¿qué ocultas?¿Qué puedes perder? —volver a escucharla decir su nombre le provocó una sensación extraña.

—Eres jodidamente insoportable. —pero sabía que la pelirroja tenía razón, no tenía absolutamente nada que perder, en una semana todo daría igual, así que se levantó la camiseta lo suficiente para que ella viese lo que había pasado tanto tiempo ocultando—. ¿Contenta?

Adara paseó su mirada por el abdomen del chico, quien mantuvo la camiseta arriba el tiempo suficiente para que ella pudiese verlo todo.

—¿Qué quieres ganar con esto? —la voz de Aidan había dejado de sonar molesta, su fachada se había derrumbado, así que solo sonaba cansado, se sentía enfermamente vulnerable delante de aquella chica con la que tan mal se llevaba.

—¿Quién te ha causado esas cicatrices? —preguntó Adara ignorando la pregunta del chico—. Parecen quemaduras hechas con algo alargado, ¿un hierro al rojo vivo tal vez?

—¿Qué cojones te importa Adara? —Aidan estaba perdiendo completamente la paciencia.

—Es que tengo una oferta para ti, y quería comprobar una cosa antes. —contestó Adara con la sonrisa devuelta en su rostro—. Puedo conseguir que no te echen del internado, pero a cambio quiero una cosa.

—¿Que sea tu puta?¿Ya has comprobado que estoy lo suficientemente bueno?¿O es que las cicatrices te dan asco?

Adara parpadeó sorprendida ante el arrebato del castaño.

—¿Qué? No, claro que no. —la voz de la chica sonó contundente—. No soy tan idiota como para negar que estás bueno, pero no quiero nada sexual contigo.

—¿Entonces qué es lo que quieres? —apenas se le notaba, pero el absoluto rechazo de la chica le había avergonzado—. Espero que no me estés tomándome el pelo, no estoy para eso.

—Te ayudo a limpiar tu nombre y tú a cambio nos das pase VIP y barra libre en la disco Lunatic.

—¿Estás en serio?¿Es eso lo único que pides a cambio? —Aidan sonaba totalmente escéptico, Adara le había parecido siempre una chica muy directa, pero aquella oferta le parecía demasiado extraña.

—Si quieres ofrecerme algo más eres libre, pero sí, solo quiero ese maldito pase VIP y esa espectacular barra libre.

—¿Y por qué me has hecho levantarme la camiseta? —el cerebro de Aidan trabajaba a toda velocidad para tratar de desvelar los planes de la chica.

Adara sonrió como un demonio.

—Por si se te ocurre fallar en tu parte del trato.

Entonces le cuadró todo.

—Como se te ocurra decir una sola palabra.

—Relájate, si lo voy contando por ahí ya no me sirve de seguro, si tú cumples yo cumplo, nadie se va a enterar de que te maltratan en casa. —la confirmación de que Adara había deducido quién era la causa de sus cicatrices le sentó como un golpe en el pecho—. Pero eso sí, no me parece algo de qué avergonzarse.

—No sabes de lo que hablas.

—Probablemente no, pero en fin, que duermas bien, mañana reuniremos a tu grupo y al mío en la hora del almuerzo al lado del roble grande. —dijo la pelirroja mientras se alejaba a paso tranquilo—. Necesitamos un buen plan.

Imagen de personaje

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