Escena
El ambiente estaba cargado de tensión, yo estaba en un sillón, con Jake todavía entre mis brazos.
El chico castaño, quien se llamaba Byron, estaba sentado en un sofá a mi derecha, junto a Nathan, quien seguía controlando el cuerpo y Elain.
En el sofá de mi izquierda estaban Lila y los gemelos, Luciel también había decidido quedarse, pero estaba sentado en una silla, lo más alejado de mí posible.
—Entonces, ¿cómo van a ser las cosas a partir de ahora? —preguntó Irina después de un rato de incómodo silencio, llevaba el cabello recogido en la nuca, por lo cual la cicatriz que surcaba su ojo se veía todavía más.
—Voy a seguir dándole clases a Jake, y pasando tiempo con vosotros, igual que hasta ahora —contesté, a efectos prácticos nada había cambiado—. También voy a daros mi número y mi dirección, por si queréis verme o hablar conmigo, para vosotros estoy siempre disponible, ¿vale?
—Entonces ¿vamos a hacer cómo que nada de esto ha pasado? —preguntó Luciel, molesto cómo de costumbre.
—Claro que no, no voy a olvidar lo que ha pasado —le contesté, dudaba que pudiera olvidar el dolor crudo en la voz de Noah.
Miré hacia Nathan, y me di cuenta que era la cola blanca la que vibraba en ese momento.
—¿Cómo te encuentras, Noah? —pregunté con voz suave, sus mejillas se tiñeron de rojo y desvió la mirada, tardó unos segundos en responder.
—Siento mucho el numerito —murmuró—. No te merecías ver eso, ni tampoco sentir que debes quedarte por cuidar de nosotros o algo así.
—Me quedo porque quiero, Noah, no porque piense que debo hacerlo —odiaba que pensase que había condicionado mi decisión.
Él simplemente asintió con la cabeza, pero no se le veía convencido.
—Yo sigo pensando que esto es una idea horrible —Luciel se levantó y se plantó en frente mía—. Somos asesinos y tú no deberías estar aquí.
—No sois asesinos, porque no sois conscientes cuando matáis —respondí sin alzar mucho la voz, Jake por fin se había calmado en mis brazos.
—¿Qué importa que no seamos conscientes?¿Qué un día de repente nos despertemos rodeados de sangre y vísceras sin saber cómo hemos llegado allí? Eso solo nos hace más peligrosos para ti, somos monstruos y podríamos hacerte daño, incluso matarte sin quererlo —Luciel había decidido que tratarme mal no servía de nada, así que había optado por la verdad.
—Luciel, no voy a irme, no voy a dejaros, y te lo voy a repetir hasta la saciedad, no sois monstruos.
—Eres el maldito pitufo terco —exclamó exasperado, iba a decir algo más, tal vez tratando de convencerme de que debía irme, pero mi carcajada lo detuvo.
Después del vacío de los últimos días, el dolor de hacía unos minutos y la tensión del momento, aquel comentario había logrado que me relajara de golpe, Luciel no me quería ahí porque estaba preocupado, pero yo tenía la seguridad de que estaba a salvo, aunque esa seguridad no tuviese muchos argumentos donde sostenerse.
—No soy un pitufo, soy un minion —contesté entre risas, pero mi broma fue recibida con caras serias o de desconcierto.
—Creo que nadie sabe que es un minion —dijo Lila al fin, parecía un poco avergonzada por no saberlo.
Yo sonreí ante la perspectiva que se abría ante mí.
—Me acabais de dar la excusa perfecta para obligaros a hacer un maratón de películas conmigo.
—Eso sería increíble, quiero ver películas con todos vosotros —respondió Jake emocionado.
—Sería muy divertido, la verdad —apoyó Elain.
—¿Nadie piensa con la cabeza aquí o qué? —Luciel seguía en sus trece, de pie enfrente de mí.
—Déjalo ya, no la vas a convencer de irse —exclamó Byron poniendo los ojos en blanco en dirección a su hermano.
—Menos mal que alguien se lo ha dicho por fin —agradeció Nathan.
Pensé que Luciel se iría con un portazo, como de costumbre, pero en vez de eso simplemente volvió a sentarse en su sitio.
—Entonces, Elena, ¿te quedas a comer? —preguntó Irina, y yo sonreí ante la sensación de deja vu.
—Si no es mucha molestia.
—Tú eres todo lo contrario a una molestia, en realidad —dijo Elain con una sonrisa tímida.
Le sonreí ligeramente sonrojada en agradecimiento.
—Por cierto, ¿cuántos hermanos sois? —pregunté con curiosidad, cada vez que pensaba que los había conocido a todos aparecía alguien más.
—Somos quince en total —contestó Aster, rompiendo su silencio por primera vez.
Yo comencé a enumerar.
—Jake, Elain, Luciel, Irina, Aster, Lila, Nathan, Noah, Neo —Nathan sonrió al escuchar que los contaba por separado—. Y Byron, ¿quién me falta por conocer?
—Te faltan los mellizos pequeños, Nelly y Darren —contestó Irina, volviendo a su tono energético—. Serena, Ryu y Kardian, él fue quien la lío el otro día.
Aster la miró con urgencia por la última parte.
Irina ignoró a su mellizo y siguió hablando al ver mi cara de desconcierto.
—Aquel día Kardian se descontroló, él es el más peligroso de nosotros, porque tiene un físico muy poderoso y es al que más le cuesta controlarse, así que aquel día se escapó y casi la lía.
Me costó unos segundos entender que me estaba hablando del día que dormí en la habitación de Luciel, así que eso era lo que había ocurrido.
—¿De dónde se escapó?¿Está encerrado? —pregunté, fuese o no peligroso, me entristecía la idea de que tuviesen a su hermano encarcelado.
—Es la mejor forma de asegurarnos de que no hace daño a nadie —respondió Aster, pero era obvio que le dolía tener a uno de sus hermanos bajo llave.
—Pero, ¿no hay otra solución?
—¿No crees que, si la hubiera, no la habríamos puesto ya en práctica? —Luciel seguía con su mal humor permanente.
—Estamos abiertos a ideas, si eso es lo que propones —el tono de voz de Byron variaba entre el enfado y el cansancio, aún no tenía claro qué clase de persona era.
—Pensaré en algo, odio esta situación.
—Luciel, ni se te ocurra opinar al respecto —interrumpió Lila, sabiendo que el castaño iba a decir alguno de sus agradables comentarios—. Ahora lo importante, ¿quién quiere desayunar?
Jake saltó de emoción al saber que Lila prepararía el desayuno, pero le duró poco cuando sus hermanos comenzaron a excusarse.
Los trillizos necesitaban un rato a solas, Luciel no quería saber nada de nadie y Byron ni siquiera se despidió al salir.
—Ellos se quedan sin tortitas —exclamó Lila con los brazos cruzados y la barbilla elevada.
—Más para nosotros —rió Irina.
Aunque el ambiente se había relajado yo seguía preocupada por lo que había pasado y por el estado de ánimo triste de los demás, que algunos habían ocultado con una sonrisa.
—¿Tomas café, Elena? —preguntó Elain amablemente.
—No me vendría nada mal uno ahora mismo —respondí con una sonrisa mientras nos dirigíamos a la cocina.
—¿Cómo lo tomas? —Aster parecía el más agotado de la sala, me acerqué a su lado y le coloqué una mano con cuidado en el hombro. Al igual que la otra vez que lo había tocado su cuerpo reaccionó con un pequeño sobresalto—. Estoy bien, tranquila.
Era obvio que eso era mentira, pero no era mi intención presionarlo.
—Suelo tomarlo con bastante azúcar —respondí, pero no me separé de él—. Si necesitas hablar, estoy aquí para ti.
—Gracias —asintió, poco a poco relajándose ante mi contacto.
—Elena, ¿con qué te gustan las tortitas? —preguntó Lila mientras batía unos huevos.
—Con todo, seguro que están buenísimas si las haces tú —respondí con gusto, ahora que estaba más tranquila me había entrado el hambre.
—Menos con piña, la odia —añadió Elain y me sentí feliz de que recordara algo como eso.
—¿Cómo vas a odiar la piña? —me recriminó Irina—. Eso es criminal, ¿verdad, Asterito?
—A ti no te gusta el café —respondió él tendiendome una taza.
—Es súper amargo —Irina hizo una mueca de asco sacando la lengua y yo no pude evitar reírme por su expresión.
Aster me miró y pude ver la sombra de una sonrisa, apoyé la cabeza en su hombro y esta vez apenas se tensó.
—¿Cómo van esas tortitas, Lila? —preguntó Elain mientras ponía la mesa con la ayuda de Jake.
—Ya llega el tren del desayuno —exclamó la aludida mientras colocaba un plato enorme en el centro de la mesa.
Irina corrió a por toda clase de complementos, desde fresas y plátanos hasta miel, caramelo y chocolate.
Aster y yo nos sentamos tranquilamente, deseando probar la obra maestra culinaria que había hecho Lila.
—Alabada seas, están de maravilla —traté de pronunciar con la boca llena.
—Ya estamos otra vez, traga primero —me regañó ella entre risas.
—Están muy muy ricas —exclamó Jake con entusiasmo.
—Claro que sí, siempre me salen deliciosas —afirmó Lila con orgullo.
—Más te vale, aquí a todos se nos da bien algo —el tono de Irina era de burla absoluta, y lo remató pinchando a su hermana con un dedo en el costado.
Lila trató de devolvérselo, pero en un movimiento rápido tenía a la pelinegra sentada en mi regazo.
—Elena, protégeme —exclamó mientras me rodeaba con los brazos.
—Pero si has empezado tú —le dije, aunque igualmente rodeé su cintura y la pegué más a mi. Ella sonrió y apoyó la cabeza en la mía, disfrutando del momento.
—Que corra un poco el aire, ¿no? —murmuró Lila mirando mal a Irina.
Fue entonces que escuché una pequeña risa inesperada, todos nos quedamos callados, mirando como Aster aún mantenía la pequeña sonrisa en su rostro.
—Tienes una risa preciosa —dije sin apenas darme cuenta.
Él me miró sorprendido, e incluso se sonrojó un poco.
—Gracias —murmuró algo turbado por el halago que no se esperaba.
—No es justo, dime algo bonito a mi también —Irina hizo un puchero.
—Tú calla, que te tiene sentada en su regazo —le soltó Lila haciendo también un puchero.
Jake simplemente comía tortitas y nos miraba divertido, mientras Elain negaba con la cabeza luchando por disimular la sonrisa que pintaba sus labios.
Cuando terminé de desayunar decidí que lo mejor era volver a mi casa y prepararme para retomar la rutina al día siguiente, aunque insistí muchísimo en que podían llamarme cuando quisieran durante el resto del día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario