Escena
No sé cuando me quedé dormida, pero me despertó la voz de Luciel gritando desde el pasillo, me encontraba tumbada en su cama, cubierta por una sábana blanca y suave, los relojes de su habitación marcaban las seis de la mañana.
—Sois unos malditos egoístas y cobardes, ¿cómo os atrevéis a disfrutar de su compañía sin explicarle nada? ¿a dejarla sola y asustada? Esto solo demuestra que ella no debería estar aquí, que no sois lo suficiente maduros como para ateneros a vuestras propias decisiones.
—Mamá dijo que podíamos conocerla, que estaba bien si no le decíamos la verdad —Irina no sonaba ni la mitad de alegre que siempre.
—Cassandra dijo que era nuestra decisión relacionarnos o no con ella, pero que debíamos ser responsables con la verdad y hacer lo que considerásemos correcto —corrigió el castaño, el tono amable de anoche totalmente evaporado—. Y ponerla en peligro y ocultarle la verdad no considero que sea ni de lejos lo mejor.
—Luciel, por favor, deja de gritar, vas a despertarla —la voz de Elain sonaba temblorosa.
—¿Te da miedo enfrentarte a sus dudas? Pues imagina cómo fue enfrentarse a su miedo —Luciel sonaba cada vez más molesto—. Además, ya está despierta, Elena, escuchar a escondidas es de mala educación.
Salí al pasillo un poco descolocada, no entendía la situación ni sabía cómo era posible que me hubiese escuchado levantarme.
Pero no tuve tiempo de entender nada, no cuando las palabras de Lila fueron como un puñal.
—Deberías largarte, y no volver jamás —no me miraba a los ojos, ninguno lo hacía, solo Luciel.
Fue todavía peor cuando Elain asintió con la cabeza, y los demás se mostraron de acuerdo, el pequeño Jake estaba llorando, pero incluso él asintió.
—Luciel, sácala de aquí —murmuró Aster.
El mencionado me tomó del brazo, con fuerza pero sin lastimarme, una vez estuvimos fuera me zafé de él.
—¿Qué cojones está pasando?¿Qué tendrían que haberme explicado?
—Lo que somos —se pasó una mano temblorosa por el cabello.
Recordé la noticia del asesinato, no podía tener niguna relación, no podía.
—¿Qué sois?¿Qué pasó anoche? —tenía un millón de preguntas, alimentadas por las miles de teorías que había hecho.
—Somos monstruos, y anoche uno de nosotros dejó al descubierto su verdadero ser —me miraba a los ojos, buscando algún tipo de reacción en mí.
—Escúchame, Luciel —se tensó al oír mi tono y su nombre—. Como vuelvas a decir una vez más que sois monstruos, escoria o cualquier otra cosa así, pienso perseguirte día y noche hasta que cambies de idea.
—Si me persigues día y noche la que cambiará de idea serás tú.
—¿Si? ¿Tú crees? ¿Y qué te hace estar tan seguro? —me acerqué a él, pero retrocedió un paso—. Explícame las cosas en condiciones.
—Que matamos gente, y no solo eso, disfrutamos de beber su sangre y devorar su carne, eso es lo que somos, ¿sigues pensando que no somos monstruos? —le había costado un esfuerzo increíble decir cada una de esas palabras, su ojo estaba húmedo y sus manos temblaban.
Me quedé callada, en shock, no sabía cómo reaccionar ante aquello.
—Me alegra saber que has entrado en razón, ya puedes irte —se giró para largarse de allí, no quería que se fuera sin más, quería entender bien la situación, saber cómo era posible que personas tan buenas y amables como ellos lastimaran a otros.
No pude moverme del sitio, Luciel entró en la casa y me quedé ahí parada, mi cabeza, que sabía que era peligroso, contra mi corazón, que quería quedarse.
Me fui a casa, y escondí la cabeza en la almohada, dejando que las lágrimas y los sollozos fluyeran con libertad, ni siquiera estaba segura de porqué lloraba.
Las personas a las que había conocido y había empezado a querer eran asesinos, ¿qué debía hacer? ¿Qué sentido tenía todo eso?
Estuve horas pensando, recordando los días que había pasado con ellos, sin saber que me impedía correr a la comisaría más cercana, ni siquiera hacía una semana desde que los había conocido, pero me dolía, me dolía tanto la situación, los ojos tristes de todos ellos, las lágrimas y las manos temblorosas de Luciel cuando me dijo la verdad.
Era imposible que ellos pudieran hacer daño a personas inocentes, mi instinto me gritaba que volviera a su lado y pidiese una explicación, que estaba cometiendo un grave error al irme sin más.
Dejé pasar el día para tratar de calmarme y enfriar la cabeza, investigué en internet asesinatos sin resolver, similares a la noticia que comentó mi padre, todos eran tal cual lo que me había contado Luciel, por lo menos en eso no mentía, pero tenía que haber algo más, mi sentido periodístico seguía gritando.
Pasó otro día, y otro, y otro, no podía concentrarme en nada, ni siquiera podía plantearme buscar otro trabajo, así que me levantaba por las mañanas y buscaba nuevos artículos en internet, cuando no encontraba ninguno nuevo, volvía a leer los que ya me había aprendido de memoria.
“Encuentran hombre asesinado en su propia casa, la víctima tenía el abdomen abierto y se habían llevado sus entrañas”.
“Mujer aparece asesinada en su domicilio, no tenía ni una gota de sangre en el cuerpo y estaba llena de mordiscos”.
“Anciano aparece muerto en su cama, sin carne en sus extremidades”.
“Aparece un joven muerto con el rostro devorado, el adn encontrado en las heridas no es animal”.
Una y otra vez leía en voz alta estas noticias, una y otra vez pensaba en llamar a la policía, una y otra vez pensaba en volver corriendo con ellos.
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