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29/01/2023

El mago: Capítulo 3 (Versión resumen)

Capítulo 3

Versión sin redactar

Preguntaron a varias personas del pueblo, pero nadie sabía nada.

Decidieron ir al pueblo de al lado, pero el único que sirvió de ayuda fue el tabernero, quien les contó que Ezra y la misteriosa mujer habían salido de la taberna juntos.

Eider trató de tranquilizar a Lia, pero ella sabía que no era normal que su hermano desapareciera sin avisarla, ya que eran la única familia que tenían.

Volvieron al pueblo, y Eider propuso ir a hablar con la vieja bruja de encima de la colina, ya que se rumoreaba que lo sabía todo.

Cuando entraron, descubrieron que la vieja bruja tenía un cuervo disecado.

Lia, muy amablemente, le preguntó si podría ayudarlos a encontrar a su hermano.

La bruja le dijo que su hermano estaba metido en cosas que no debía y les recitó una extraña profecía relacionada con un libro, un portal, una unión que hace de puente y algo del fin del reinado mortal y la resurrección de la magia.

Cuando salieron de allí, Lia estaba hecha un lío y no tenía muy claro qué tenía que ver todo aquello con ella y Ezra. Eider la tranquilizó y le aseguró que encontrarían a su hermano, aunque la única pista que tenían era una especie de hechizo que se encontraba en un libro, que por lo que parecía estaba en la costa. Por ello, tomaron la decisión de viajar juntos.

Esa misma noche prepararon su equipaje y al día siguiente emprendieron su travesía de dos días a caballo. Puesto que Lia nunca había montado, viajaba agarrada a la cintura de Eider.

La primera parada que realizaron fue en un pueblo bastante silencioso; cuando entraron en la posada no se oían las típicas risas y conversaciones normales, sino que había un silencio un poco siniestro.

Cenaron algo rápido de forma bastante incómoda y decidieron que lo mejor sería compartir habitación, puesto que esta solo poseía una cama. Les tocó dormir juntos, algo incómodos.

Al día siguiente retomaron el camino. Eider bromeaba con la atmósfera del pueblo que habían dejado atrás, y Lia comentó que se les veía tristes, preguntándose por qué sería.

Por el camino vieron a lo lejos un ciervo. Lia se emocionó mucho; Eider se sonrojó por lo linda que se veía, y Lia se sonrojó al notar a Eider sonrojado.

Llegaron a su destino al anochecer, justo cuando el sol estaba a punto de esconderse tras el mar. A Lia le emocionó ver algo así y se abrazó fuerte a la cintura de Eider. Este la miró con una sonrisa en los labios y le dijo que lo más sorprendente de la escena era tenerla a ella tan cerca.

Lia se sonrojó por el comentario y le pidió que no bromeara con esas cosas. Eider le dijo que no estaba bromeando y se bajó del caballo al llegar a una posada a las afueras de la ciudad portuaria.

Entraron a la posada y se relajaron al ver el ambiente animado que había.

Unos viajeros, al igual que ellos, los invitaron a una ronda de cañas a cambio de que Lia bailara con la melodía que tocaba un bardo en la esquina del local. Eider le dijo que no tenía por qué aceptar, pero ella igualmente lo hizo, ya que le cuesta decir que no. Eider se quedó embobado al verla, ya que nunca antes lo había hecho, y a Lia se le dio muy bien.

Tras unas cuantas canciones más, algunas bebidas y algo de cenar, subieron a la habitación.

Eider le dijo que había estado espectacular allí abajo, y Lia le dio las gracias avergonzada.

Ambos estaban un poco ebrios, así que Eider se animó a pedirle que bailara un poco para él. Lia le dijo que no podía bailar sin música, y Eider comenzó a dar golpecitos en el suelo con el pie.

Lia aprovechó el ritmo para bailar y cantar una pequeña canción sobre la historia de amor entre la luz y la oscuridad.

Eider se levantó y trató de bailar con ella, pero no se le dio demasiado bien y terminaron tropezando y cayendo al suelo.

Ambos se miraron a los ojos con intensidad, y cuando sus labios estuvieron a punto de rozarse, Lia se apartó y dijo que no estaba bien que hicieran estas cosas mientras su hermano aún seguía en peligro.

Eider se molestó un poco y le preguntó a Lia por qué él era el único a quien siempre le decía que no.

Ella le contestó que no lo sabía, y ambos se acostaron incómodos y avergonzados.

Al día siguiente desayunaron en la taberna y bajaron a la ciudad. La atmósfera entre ellos era un poco incómoda debido a la noche anterior, pero se les pasó un poco cuando descubrieron que había un mercado montado.

Los puestos vendían de todo, y Eider consiguió que Lia se dejara comprar un hermoso colgante como disculpa por su estúpido enfado.

Tras picar algo, continuaron la búsqueda del libro, aunque no sabían exactamente qué era lo que buscaban. Lia tenía la sensación de que cuando lo vieran, lo sabrían.

Descubrieron un puesto en el que ningún transeúnte se detenía a mirar, a pesar de sus llamativos productos: espejos brillantes, dagas afiladas, extrañas bebidas de aspecto extravagante y un pequeño libro de aspecto antiguo.

Lia no sabía por qué, pero tenía la certeza de que aquel era el libro que estaban buscando.

El vendedor los saludó con una extraña oración:

—Reina de la luz y caballo de la oscuridad, solo un bando prevalecerá.

Lia le saludó con un educado buenos días y le preguntó si el libro estaba a la venta.

El vendedor contestó:

—Los siervos del destino solo dibujamos el camino.

Lia volvió a preguntarle si el libro estaba a la venta, tratando de no perder la paciencia.

Eider, que no era tan amable, le dijo a Lia que era una pérdida de tiempo, que ese libro no debía ser el que buscaban y que aquel hombre solo era un viejo chiflado.

El vendedor respondió:

—El libro es suyo, a cambio de escuchar mi augurio.

Eider le dijo a Lia que no merecía la pena seguir escuchando sus sandeces, pero Lia contestó que estaba segura de que ese era el libro que buscaban, y que aquel hombre solo quería a cambio que lo escucharan.

—Quien fue peón será reina, y junto al alfil que en otra época pudo ser rey traerán luz. Quien quiso ser reina, ahora de las tinieblas, junto al caballo negro traerá maldad. Una guerra que antaño se pudo evitar, en esta época se desatará, y solo la unión entre lo que es y lo que pudo ser nos podrá salvar —dijo, entregándole el libro a Lia junto con una extraña sonrisa.

Eider agarró del brazo a Lia y la alejó de allí. Lia le preguntó qué habría querido decir con lo de la guerra, y él le contestó que no le diera más vueltas, que solo era un chiflado, y que por lo menos habían conseguido el libro que buscaban.

Volvieron a la posada para poder leer el libro con tranquilidad.

Eider le preguntó si de verdad creía en todo lo que estaban haciendo, y si no pensaba que podría ser que en verdad su hermano solo se hubiera ido con alguna mujer hermosa que había conocido, y que todo lo que habían hecho había sido una tontería influenciada por una vieja chiflada.

Lia le contestó que era imposible que su hermano la hubiese abandonado, y que cómo era capaz de decirle algo así.

Eider se disculpó y le pidió a Lia que le contara lo que había leído en el libro.

Ella le explicó que el libro describía cómo llegar al Camino, lugar donde habitan seres poderosos capaces de arreglar las cosas con magia.

Eider no lo tenía muy claro, pero le ayudó a realizar el ritual que indicaba el libro, aunque solo Lia consiguió cruzar al otro lado, puesto que era la única que creía en la magia de los dos.

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