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29/01/2023

El mago: Capítulo 5 (Versión resumen)

Capítulo 5

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Se arrodilló en la orilla del lago y comenzó a rellenar el cubo. Casi le da un infarto al descubrir un rostro que la miraba desde el agua. El rostro volvió a sumergirse y Lia, aunque patidifusa, no se sorprendió demasiado: había viajado a un plano místico gracias a un hechizo de un libro antiguo, y allí cualquier criatura extraña podía existir.

El camino de vuelta fue mucho más pesado que el de ida. No quería ir demasiado lento para no hacerse tarde, pero si aceleraba el agua se derramaba. El cubo pesaba bastante, aunque Lia ya estaba acostumbrada a trabajos duros en su pueblo.

En el segundo viaje, el rostro ya no apareció. Tampoco en el tercero, ni en el cuarto…

Pasó toda la mañana haciendo viajes. Apenas llevaba algo más de la mitad del caldero lleno cuando se detuvo un momento para ir al lavabo y comer la sopa y el trozo de pan que aparecieron junto al caldero.

Tras la breve pausa continuó con su trabajo. Le dolían las manos y la espalda, pero sabía que su hermano merecía todo eso y más.

Cuando el caldero por fin estuvo lleno, ya era de noche. Un trozo de pan y una pequeña ensalada aparecieron mágicamente junto al caldero. Lia los comió deprisa y comenzó a cortar leña. Al final, exhausta, apoyó la cabeza sobre los brazos y se quedó dormida.

La rutina de los días siguientes fue la misma, sin ninguna aparición extraña… hasta que, tras dos semanas, su primer viaje matutino se vio interrumpido.

Un animal enorme y peludo bloqueaba el camino. Sus ojos brillaban como los de un felino, su cola era casi tan larga como su cuerpo y sus orejas, puntiagudas, estaban agachadas con recelo. Lia se quedó paralizada, observándolo. Tras un rato comprendió que el animal estaba atrapado en unas zarzas.

A pesar del peligro, Lia decidió ayudarlo. El animal intentó morderla, pero esquivó por poco, y continuó tratando de liberarlo mientras sus manos sangraban por los pinchazos de las zarzas. Cuando lo liberó, el animal salió corriendo y Lia siguió con su trabajo.

Después de su comida, volvió a llenar el cubo y el enorme animal apareció nuevamente, siguiéndola hasta el caldero. Lia le preguntó si quería subirse, y él asintió con la cabeza. Sorprendida por su inteligencia, Lia aceptó su ayuda, dejando claro que podría irse cuando quisiera.

Desde ese día, su trabajo se volvió mucho más rápido y sencillo. Al final de cada jornada compartía la cena con su nuevo amigo, a quien decidió llamar Zarzas, en honor a cómo se conocieron.

Una tarde, mientras comía, apareció un pequeño ser mitad humano y mitad conejo, observando fijamente su comida. Lia le dio un poco y acto seguido aparecieron dos más, repitiéndose la multiplicación hasta que se vio rodeada. Una hermosa ninfa apareció, ahuyentó a los pequeños y se disculpó por su comportamiento. Desde entonces, los acompañaban de vez en cuando.

Al notar que Lia realizaba sus tareas cada vez más rápido, el mago le asignó trabajos adicionales: limpiar la cabaña, quitar malas hierbas del huerto… Agobiada, Lia le preguntó por qué no podía hacerlo él. Su respuesta fue clara: ella había prometido trabajar seis meses a cambio de salvar a su hermano, y si quería lograrlo debía esforzarse.

—Dices que odias a los humanos porque somos egoístas, pero el único egoísta eres tú.

—¿Me llamas egoísta por evitar que se aprovechen de mi poder?

—Te llamo egoísta por no prestar tu poder a quienes realmente lo necesitan.

—No sabes lo que es que te utilicen.

—¿Qué no lo sé? Llevo toda mi vida siendo utilizada por las personas que me rodean…

—¿Crees que nací siendo fuerte? ¿Que las personas de mi alrededor no usaron mi poder hasta drenarme una y otra vez para su beneficio? Quemaron a mi madre en una hoguera, a mí me ataron durante tres días en la plaza del pueblo… —se quitó la capucha para que Lia viera sus cicatrices—. Hasta que ella me rescató. Mi madre, bruja, me enseñó que mi poder es solo mío y tengo el derecho de usarlo como yo quiera. Así que no te atrevas a volver a decir que el egoísta soy yo.

Lia respondió cortante y se fue; esa noche no volvió a la cabaña. El mago, preocupado, salió a buscarla y la encontró en una aldea cercana habitada por gente pequeña, quienes le habían fabricado una cama con paja, hojas y tierra. Tras discutir con ellos, consiguió llevársela y colocarla en su propia cama. Algunos días después, Lia decidió disculparse con el mago, quien lo tomó con tranquilidad.

Pasaron días y la ninfa la invitó a una fiesta de hadas, donde Lia quedó atrapada y el mago tuvo que ir a rescatarla.

Al fin, después de un año, viajaron juntos al mundo mortal. Allí los esperaba su mejor amigo, quien apenas percibió que solo habían pasado unos minutos; quedó sorprendido por los cambios en Lia. Ella le explicó la situación, evitando mencionar la complicada relación con el mago, aunque él se dio cuenta de todo.

El mago advirtió a Lia que su mejor amigo no era trigo limpio. Tras discutir, llegaron al escondite de la hechicera y su hermano. El mago logró ahuyentar temporalmente a la hechicera y rescatar al hermano, pero el mejor amigo los traicionó y le arrebató parte de los poderes al mago, quien, con el poco poder que le quedaba, volvió a su cabaña con el libro. El mejor amigo, herido por absorber tanto poder en poco tiempo, intentó viajar al mismo lugar donde estaba la hechicera.

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