Escena
Había pasado más de una semana desde que había salido corriendo, y durante esos días me había sentido como una muerta viviente.
Estaba apunto de comenzar mi rutina diaria de buscar nuevos artículos, no encontrar nada y volver a leer los de siempre, cuando los gritos de una señora resonaron en la calle.
Por mi mente pasaron mil escenas diferentes, todas relacionadas con los artículos que bien conocía, así que me planteé quedarme ahí parada, si era alguno de ellos el que estaba ahí abajo no quería verlo matar, no quería confirmar lo que sabía que era verdad.
Pero igualmente corrí hacia donde había oído los gritos, con el teléfono de emergencias marcado en el móvil, deseando que mi mente me estuviese jugando una mala pasada y no estuviese relacionado con ellos.
Cuando llegué a la calle mi primera reacción fue echarme a llorar, una silueta que conocía bien estaba sobre una mujer mayor tendida en el suelo.
Comencé a negar con la cabeza mientras mi vista se acostumbraba a la penumbra de las primeras horas del día.
—Jake, no es posible —murmuré sin creer que esto estaba pasando de verdad.
El pequeño giró la cabeza hacia mí, de su boca caían regueros de sangre y sus ojos se había tornado completamente negros.
Se abalanzó sobre mí como había visto hacer a un gato sobre un ratón, pude evitar que me mordiera gracias a que extendí mis brazos para empujarlo lejos. Se levantó al instante y volvió a arremeter contra mi cuerpo, parecía fuera de si, era un animal salvaje y no el niño dulce y herido que yo conocía.
Lo llamé por su nombre varias veces, repetí una y otra vez quién era yo, traté de hacerlo entrar en razón, pero su sed de sangre parecía poseerlo.
Al final no pude seguir esquivando sus embestidas y me tiró al suelo, grité su nombre una última vez antes de que el dolor explotase por mi hombro.
Me incorporé sobresaltada sin saber dónde estaba, miré a mi alrededor y reconocí mi tablero de investigación, que cada vez estaba más lleno gracias a mis divagaciones de los últimos días; mi escritorio, donde mi portátil estaba rodeado de periódicos, revistas y otros papeles; seguía en mi habitación.
Me llevé una mano al hombro, esperando encontrar sangre o algún tipo de herida, pero no había nada, solo piel suave.
Aquella horrible experiencia había sido solo un sueño, bueno, más bien una terrible pesadilla, pero me había dado una idea, la única excusa que necesitaba para salir corriendo de casa.
Tenía el pelo revuelto, cara de recién levantada y mi pijama de nubes apenas cubierto por una sudadera. Los otros pasajeros del tren me lanzaban miradas de extrañeza y curiosidad, pensando que tal vez me había escapado de casa o alguna cosa así.
Bajé en la parada correspondiente y emprendí el camino que en pocos días me había aprendido de memoria, a pesar de ir corriendo nunca se me había hecho tan largo.
Cuando llegué a la entrada frené en seco, resoplando por el cansancio, había ido hasta allí movida por un sueño sin fundamento, iba en pijama, eran las siete de la mañana y me habían dejado muy claro que no querían que volviera, pero aún así regresar a mi casa me parecía la peor idea.
Necesitaba unos momentos para recomponerme, pensar en que iba a hacer o decir a continuación, escoger las palabras correctas para averiguar la verdad que estaba segura que aún no conocía.
Me apoyé en la pared de la entrada, respirando hondo unas cuantas veces, preparándome para lo que iba a hacer a continuación, tenía los ojos cerrados y repetía en mi cabeza una y otra vez las palabras que debía pronunciar.
Cuando me sentí lo más lista posible, abrí los ojos, y una figura masculina se cernió sobre mi.
Tardé unos segundos en comprender que era uno de los hijos de Cassandra, alguno de los cuales aún no conocía.
Su cabello era castaño y rizado, cortado al estilo mullet, sus ojos de un verde apagado, con las mismas ojeras que el resto de sus hermanos, sus facciones masculinas y elegantes, sus labios bien formados y sus mejillas completamente rotas, como si le hubiesen abierto la boca tan fuerte que se le hubiesen rasgado.
El corte irregular comenzaba en las comisuras de sus labios y terminaba a los lados de su mandíbula.
Tenía la boca abierta, enseñando unos afilados y letales dientes.
—Como no te largues de aquí pienso devorarte hasta que no quede nada tuyo —gruñó, su nariz rozando con la mía.
En cualquier otra situación hubiese tratado de empujarlo con todas mis fuerzas, o de alcanzar alguna zona delicada con mi rodilla, pero su cuerpo temblaba, y en sus ojos se leía que no tenía ninguna intención de hacer lo que había dicho, así que opté por la segunda opción.
Rocé con suavidad mis labios contras los suyos, para ello apenas tuve que levantar un poco la cabeza.
Retrocedió tan rápido que tropezó hacia detrás y cayó de culo, cubriéndose la boca con ambas manos.
—¿Por qué has hecho eso? —preguntó completamente turbado.
—Creo que he malentendido lo de devorar —bromeé, pero se notaba que yo también estaba nerviosa.
Pero al chico no pareció hacerle mucha gracia, seguía sentado en el suelo, con las manos en la boca y la mirada perdida.
—Perdón, solo quería que te apartaras sin hacerte daño, no quería incomodarte, no de esta forma —me disculpé al ver que el chico no reaccionaba.
—Debe haber sido horrible —murmuró, el tono agresivo de antes sustituido por una voz quebrada.
—¿Qué? No, claro que no ha sido horrible, tienes unos labios súper suaves —respondí sin vacilar, pero avergonzada por haber dicho eso en voz alta.
Él simplemente se me quedó mirando, sin saber muy bien que hacer a continuación, mi plan para el que me había estado mentalizando hacía unos momentos volvió a mi cabeza.
Me arrodillé a su lado y respiré hondo antes de comenzar mi discurso.
—No se si ya me conoces o no, pero me llamo Elena y le doy clases a Jake —esa parte era fácil, no me la había preparado porque pensaba decirles estas palabras a alguien que ya conociera—. Luciel me ha contado parte de la verdad sobre vosotros, pero se que no es toda, porque hay demasiadas cosas que no me cuadran.
Esperé a que él dijese algo, pero al sólo recibir silencio continué hablando, mi voz sonaba más temblorosa de lo que me hubiese gustado.
—Se que tiene que haber alguna explicación para lo que hacéis, porque he conocido a algunos de tus hermanos y se que no sois monstruos —se me comenzó a entrecortar la voz, mientras luchaba por contener las lágrimas—. Sé que son personas buenas y de buen corazón, que han sido tan amables y dulces con una simple desconocida a pesar de tener tanta tristeza en la mirada, que aunque estén rotos no han dudado en regalarme una sonrisa.
El castaño cada vez tenía los ojos y la boca más abiertos, parecía completamente sorprendido por mis palabras, por mis lágrimas y por la mano que había apoyado en su rodilla.
—Y estoy segura de que todo lo que he dicho forma parte de la verdad, así que por favor, dime cómo relaciono eso con lo que me contó Luciel, explícame la parte que sé que no ha querido decirme, por favor.
Miró mi mano que aún seguía apoyada en su rodilla por unos momentos antes de levantar la cabeza, no me miraba a los ojos, pero al menos parecía dispuesto a contarme algo.
—¿Qué te dijo Luciel exactamente? —apenas fue un susurro, pero me dio unas gotas de esperanza.
No sabía cómo repetir en voz alta exactamente lo que sabía, porque estaba segura de que al castaño no le sentiría bien escucharlo, así que traté de resumirlo lo más rápido y suave que pude.
—Dijo que comíais personas —murmuré, él apretó la mandíbula y tensó el cuerpo, una reacción que me aseguraba de que había algo más—. Y se que esa parte debe ser verdad, por como me lo contó y la investigación que he llevado a cabo.
—¿Y sabiendo eso has decidido volver? —al preguntar eso me miró a los ojos, estaba asombrado y confundido al mismo tiempo—. ¿Qué cojones te pasa por la cabeza?
—Si no me habéis hecho daño el tiempo que he estado viniendo, ¿por qué lo haríais ahora? —refuté, ese argumento era el único que me mantenía ahí—. Por favor, cuéntame la parte que me estáis ocultando.
—No hay nada que contar, Luciel se expresó bien, somos monstruos que comemos gente, fin del asunto, vete de aquí —apartó la cabeza para que no pudiese leer su expresión, pero su tono había sido demasiado forzado y todo su cuerpo estaba en tensión.
—Mira que sois tercos, ¿por qué no podéis decirme la maldita verdad? ¿Por qué os empeñáis en alejarme de vosotros? —el mismo día en el que me echaron Lila me había dicho que les hacía felices estando con ellos, no entendía porque ahora me querían lejos—. ¿He hecho algo mal? Si es eso puedo arreglarlo, prometo que seré mejor, pero darme otra oportunidad.
—Tú no has hecho nada malo, eres la mejor persona que hemos conocido, el problema somos nosotros —me giré para ver a los trillizos apoyados en la entrada, la cola negra vibraba, por lo que debía ser Nathan quien estaba hablando—. Ya te hemos causado bastantes problemas, deberías seguir con tu vida, serás más feliz.
Cuando lo había conocido me había dado la sensación de ser un chico atrevido, propenso a bromear, pero ahora estaba mortalmente serio.
—¿Cómo pretendes que siga con mi vida? Nathan, no puedo simplemente irme y dejaros sin saberlo todo, porque si me voy con la información que tengo, la decisión no es justa —yo ya estaba llorando abiertamente, me daba igual romperme delante de ellos, solo quería que dejaran de mentirme.
—Puedo contarte la verdad, Elena, pero eso no va a cambiar nada —parecía querer correr hacia mi, incluso daba algunos pasos adelante antes de volver al umbral de la puerta, era Noah quien ansiaba acercarse, pero Nathan luchaba por seguir con el control del cuerpo.
—Sabes que eso es decisión mía.
Él asintió y comenzó a explicarme, mientras tanto el otro chico seguía sentado a mi lado, pendiente de mis reacciones.
—Elena, sabes que no somos simples personas, aunque no tenemos claro que hace que seamos tan diferentes, además de nuestro físico también necesitamos alimentarnos de humanos —Nathan no solo luchaba contra Noah para mantener el control, sino también contra él mismo, para poder mantener su voz firme y el rostro serio—. Normalmente con algunas gotas de sangre es suficiente, pero hay veces que el hambre es demasiada y nos descontrolamos, puede deberse a emociones negativas muy grandes o simplemente que nuestras mentes se cansan de luchar contra ellas.
De repente la cola negra se detuvo y la blanca tomó el control, las lágrimas se derramaron de sus ojos y Noah corrió hacia mí, se arrodilló a menos de un metro de mí, y apoyó la frente en el suelo mientras sollozaba sin control.
—Por favor, no te vayas, por favor —exclamó con la voz totalmente rota—. Cuando nos conocimos evitaste que estallara, así que quédate, por favor.
Me quedé totalmente inmóvil, Noah estaba tan desesperado, no dejaba de llorar y estaba prácticamente gritando mientras su frente seguía pegado al suelo.
—No lo soporto más, no puedo volver a recobrar la conciencia después de matar a alguien —su voz había ido perdiendo fuerza hasta no ser más que un murmullo—. No quiero seguir viviendo siendo un maldito monstruo.
—Noah —susurré su nombre, las lágrimas empañaban mis ojos, nunca había escuchado unas palabras tan crudas como las suyas—. Noah, levanta la cabeza, por favor.
Él no lo hizo, seguía con la frente en el suelo, murmurando la palabra por favor una y otra vez.
Podía sentir las miradas de los demás a través de las cortinas de la entrada, no sabía que esperaban que hiciera, no sabía que iba a hacer.
Pensé durante unos segundos una de las decisiones más importantes de mi vida, irme de allí y seguir con mi vida normal, sabiendo que seguirían habiendo asesinatos, porque nunca podría denunciarlos, y que ellos seguirían sufriendo; o quedarme con ellos, si solo necesitaban unas gotas de sangre para vivir yo podía dárselas, y si para evitar que se descontrolasen solo debía asegurarme de que no sintieran demasiadas emociones negativas, podía evitar los asesinatos y que ellos sufrieran.
En realidad la decisión ya estaba tomada, jamás podría seguir con mi vida sabiendo esto.
—Noah, corazón, sigo aquí, no voy a irme —dije con la voz más firme que pude, estaba tratando de regular mi respiración, no podía ayudarlos si yo también me venía abajo, debía ser más fuerte por ellos a partir de ahora—. Noah, mírame, voy a quedarme.
Si se descontrolaban cuando las emociones negativas los sobrepasaban, la situación era peligrosa, porque Noah estaba al borde del colapso.
Quería abrazarlo para que mi presencia se sintiera más real, pero eso sería demasiado para Neo, y no quería que reaccionara mal como la otra vez.
—Elena, ¿estás segura de la decisión que has tomado? —preguntó el chico castaño acercándose a Noah, su mirada era dura y parecía querer leer dentro de mi mente—. Aunque eres libre de arrepentirte en cualquier momento.
—Estoy segura, voy a quedarme y ayudaros —me había serenado lo suficiente como para que mis palabras fueran firmes y me oyeran bien los de dentro.
Él asintió al fin y rodeó a su hermano con los brazos, evitando que siguiera haciéndose sangre en la frente.
—Noah, respira, Elena va a quedarse, todo va a estar bien —le susurraba una y otra vez mientras acariciaba su espalda, poco a poco la cola blanca se quedó quieta y la negra volvió a dominar.
—Lo siento, debería haber mantenido el control —se disculpó Nathan, sin separarse de su hermano—. No debería haber dejado a Noah salir, nadie quiere que te sientas obligada a quedarte.
Volví a respirar hondo, mantenerme serena no era un trabajo fácil.
—No siento que esté obligada a nada, Nathan, en realidad la decisión estaba tomada en el momento que me has contado la verdad.
Unos brazos que tanto había echado de menos me rodearon el cuello a toda velocidad y un cuerpo pequeño y frágil se pegó al mío.
—Mi caballero Cangrejito —murmuré—. Te he echado de menos.
Jake no pudo contestar, sus sollozos eran tan fuertes que hacían que su cuerpo temblara.
—No se si eres tonta o ingenua —Luciel me miraba desde arriba—. Pero no sé cómo piensas ayudarnos, ¿nos vas a comparar con dragones o a recordarnos el bajo nivel educativo que tenemos?.
Ni siquiera me miraba a los ojos, seguía empeñado en echarme de allí.
—No es justo que le eches eso en cara, cuando tú fuiste el primero en provocarla —defendió Elain, quien se había acercado insegura, luego me miró a los ojos—. Lo siento, por no contarte la verdad.
Una parte de mi estaba molesta por ello, y otra parte comprendía la decisión.
—Tal vez deberíamos entrar dentro, calmarnos y comer algo —propuso Lila desde la entrada, mucho menos animada que de costumbre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario