Escena
Nrr. Kira
Después de hablar, cenamos y nos fuimos a dormir, mañana teníamos que levantarnos temprano, dejé una mochila preparada con agua, comida y un botiquín.
Según mis cálculos, en dos o tres horas llegaríamos a nuestro destino.
Al día siguiente nos preparamos en un denso silencio, lo que íbamos a hacer era muy peligroso, y León no parecía querer hablar.
Cuando nos pusimos a andar a penas eran las 6, el camino no era muy difícil, un poco inclinado, pero nada que yo no pudiese subir.
Después de un par de horas andando entre pinos llegamos a un pequeño barranco.
-Hay que bajar por aquí hasta esa pequeña abertura que se ve-
Indicó León.
-Okey, allá voy-
Dije sin darle tiempo a seguir hablando, me agarré de una roca bien sujeta y me dejé colgar hasta que mis pies dieron con otra roca cerca de la abertura, me solté antes los ojos atónitos de León y salté hacia la abertura, aterricé de pie sobre la entrada de la cueva, como si eso fuese lo más fácil del mundo.
-Kira, ¿estás bien?-
-Pues claro-
-De la cabeza, digo-
León parecía enfadado.
-¿Por qué? Era muy fácil entrar, parecido a la cueva que hay en mi pueblo-
Contesté sin darle importancia, cuando era una niña había hecho maniobras parecidas para entrar en la pequeña cueva que utilizábamos de base secreta los niños del pueblo.
-Está bien-
León hizo una maniobra parecida y entró también, se acercó a una de las paredes rocosas, localizó un punto, y antes de apretarlo me miró.
-¿Estás lista?-
-Pues claro que si-
Dije dando un par de saltos de calentamiento.
-Haz exactamente todo lo que te diga, empezando por quedarte detrás mía-
Me pidió, y a pesar de ser una orden su voz sonó suplicante, así que no me quedó de otra que decirle que si.
En cuanto apretó aquel punto de la pared una pequeña abertura se abrió donde antes solo había sólida roca.
Mi cara de asombro era digna de una foto.
León pasó por la avertura y desapareció en la oscuridad, yo lo seguí y para mi sorpresa después de un segundo gateando en penumbra, el pasillo se abrió dejando ver una habitación bien iluminada, las paredes blancas, en el medio de la sala una mesa con un mapa y en la pared contraria a nosotros una puerta negra.
Seguí a León hacia la puerta.
-No mires-
Me dijo, yo cerré los ojos.
-Ya está-
Abrí los ojos y me quedé un momento mirándolo.
-Te dije que no era para tanto-
Dijo al notar mi atenta mirada.
- ¡pero si eres súper lindo!-
Exclamé, sus orejas habían crecido convirtiéndose en orejas de elefante y pude notar que tenía una pequeña cola.
-Gracias-
Contestó con la misma sonrisa del día anterior, pero su sonrisa se borró cuando añadió.
-Espera aquí-
Abrió la puerta y solo puede ver a unos cuantos guardias sorprendidos, León pasó y la cerró en mi cara.
Después de unos minutos de angustia esperando que León estuviese bien alguien abrió la puerta y yo me puse en guardia.
-Tranquila, soy yo-
León tenía un corte en el labio y le sangraba.
-¿estás bien?-
Le pregunté y acaricié la zona al rededor de la herida, él solo me apartó la mano y me dijo que le siguiese.
De verdad me costaba entenderlo, a veces era tan amable y otras era frío como un témpano de hielo.
Cuando pasamos por la puerta pude ver que había un pasillo largo, y 5 guardias inconscientes, no iban armados, pero aún así pensar que León los había inmovilizado él solo, era increíble.
En el pasillo habían cinco puertas, dos a cada lado y una delante nuestra.
-Hemos tenido suerte, los demás guardias están fuera, si nos damos prisa podremos salir de aquí sin más violencia-
Dijo aún con el tono frío y abrió la puerta del fondo, estaba llena de jaulas con animales y peluches, según me pareció inconscientes,por lo menos los animales. En otra ocasión me hubiese parecido cómico el hecho de que encerrasen peluches en jaulas, pero en este momento solo me pareció cruel.
-¿León cómo vamos a sacar a todos estos?-
Pregunté preocupada, pero él no me estaba escuchando, su mirada estaba fija en una elefantita de peluche, era de los suyos y la miraba con verdadero amor.
-¿León?-
Volví a llamarlo, esta vez reaccionó y empezó a hablar deprisa.
-Mete a todos los que estén en forma de peluche en la mochila, y a los que estén en forma de animal tendremos que sacarlos como podamos, pero no hay mucho tiempo-
Le hice caso, cogí un manojo de llaves que había colgando de la pared y abrí las jaulas con las manos un poco temblorosas, fuí metiendo a los jacobos co cuidado en mi mochila mientras susurraba lo siento.
-Ahora sal fuera y espera en una zona que no sea muy sospechosa, voy a ir sacando a los demás-
-Si-
Corrí fuera, salí de la cueva trepando como pude y me senté en una piedra entre dos árboles, León me vería bien al salir, pero si alguien se dirigía hacia la cueva pasaría desapercibida.
Saqué a la pequeña elefantita de la mochila y la observé con cuidado, así que esta era la chica que tenía el corazón de León, y seguramente la razón de que él fuese tan frío a veces, la verdad es que era muy linda, la puse en mi regazo y comencé a acariciar su cabeza.
Cuando León salió de la cueva con un carlino en los brazos se acercó corriendo y lo puso con cuidado en el suelo, me Miró un momento analizando la situación y volvió a entrar a la cueva.
Según mis cálculos habían unos veinte jacobos allí encerrados, de los cuales solo cuatro tenían forma animal, y por suerte eran un perro, una tortuga, un loro y una rata.
Si no recordaba mal entre los peluches que compré en aquella tienda habían una tortuga y un perro, así que podían ser ellos.
León cogió en brazos al perro y a la tortuga, eso me confirmó que eran de su grupo, yo cargué con la rata y el loro, León ya había vuelto a su forma humana.
Se ofreció varias veces a llevar la mochila, pero yo me negué, él había hecho el esfuerzo mayor, ahora me tocaba a mi.
Cuando estuvimos bastante lejos nos detuvimos a comer algo.
El descanso pasó en completo silencio, y cuando acabamos de comer nos pusimos otra vez en marcha.
Llegamos a la caravana a las 14, entramos en la caravana y dejamos a todos los jacobos en la cama.
León no paraba de mirar a la elefantita, y yo me moría de ganas de preguntarle.
-León, déjame curarte la herida-
Le dije para romper el silencio incómodo.
-No hace falta-
Contestó.
-Por favor-
Le pedí.
-Está bien-
Suspiró.
Saqué el botiquín, comencé a limpiar la herida con cuidado y la cerré con pegamento para heridas.
-Gracias-
-De nada-
Contesté, su tono de voz ya no era tan frío, más bien sonaba cansado.
-Será mejor que descanses, la cama está ocupada pero te puedes acostar en el sofá-
Añadí antes de salir de la caravana, compraría algo de comida antes de irnos de aquí, ahora éramos mínimo tres más en el grupo, el perro, la tortuga, la elefantita, y no se si habría alguien más.
Compré bastante comida y bebida, cuando iba a salir de la tienda me choqué contra un hombre, el olor a lirio golpeó mi nariz como un puñetazo, un miembro de la CCM.
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