Escena
El día siguiente era sábado, sabía que no tenía ninguna razón para ir a su casa, pero igualmente decidí pasarme por la tarde.
—¡Elena! —exclamó Irina cuando me vió y corrió a abrazarme.
—Buenas tardes, Irina —miré a Aster quien estaba detrás—. Buenas tardes, Aster.
—Buenas tardes, Elena
—Las mejores tardes ahora que estás aquí, Elena —añadió Irina.
—¿Elena está aquí? —Jake salió de su habitación y corrió a abrazarme.
—Que alegría veros, ¿los demás no están? —pregunté deseando verlos también.
—Me temo que Lila se ha encerrado en la cocina por algún motivo desconocido —contestó Irina, pero al ver mi cara de preocupación siguió hablando—. Está bien, no te preocupes, lo hace porque dice que así se concentra más cocinando.
—Los trillizos no están, y Elain está en el jardín —terminó de explicar Aster.
—¿Los trillizos son Nathan, Neo y Noah? —pregunté para asegurarme.
—Si, Nathan dice que eres súper genial y Noah opina lo mismo —exclamó el pequeño.
—No me extrañaría que eso sea lo único en lo que van a estar de acuerdo en su vida —mencionó Irina entre risas.
—¿Podemos ir al jardín con Elain? —pregunté, quería verla también a ella.
—Me temo que Asterito y yo tenemos cosas que hacer —se disculpó Irina—. Pero tal vez nos veamos luego.
Me despedí de ellos y me dirigí hacia el jardín junto a Jake, quien me había tomado de la mano.
—¿Qué tal las flores, Elain? —pregunté al verla trabajando en su jardín.
—Elena, has venido —levantó la cabeza y vi que tenía tierra en la nariz.
Me arrodillé a su lado y la limpié con manos suaves.
—Gracias —sonrió ligeramente sonrojada.
Pasé parte de la tarde hablando con Elain y Jake, contándoles que ayer estuve con mis padres, a ambos les cruzó un destelló de dolor en la mirada y cambié de tema, maldiciéndome a mi misma por no haberlo pensado antes.
Decidí contar más en detalle la historia que había empezado a explicarle a Elain el otro día, la de mi vecino y su doble vida.
Lo cierto es que una tarde descubrí ropa interior femenina en el tendedero de la casa de al lado, y yo estaba segura de que allí sólo vivía un señor, así que pasé varios meses observándolo y apuntando cosas sobre él en mi libreta, al final resultó que simplemente tenía una novia.
También conté un par de cosas curiosas sobre mí, así como que detesto la piña o que me gusta dormir con una pierna colgando de la cama.
Estaba tan relajada hablando con ellos, se sentía muy bien estar en su compañía.
—Bu.
Salté por los aires a una velocidad inhumana, mientras Lila que había vuelto visible solo su cabeza tenía un intenso ataque de risa.
—Perdón, no he podido evitarlo.
—Lila, cero gracia, casi me da un paro cardiaco —le regañé a gritos mientras intentaba controlar mis pulsaciones.
—Perdóname, ¿si? —susurró tomándome por la cintura, el contactó de su piel suave contra mi cuerpo me provocó un escalofrío agradable.
—Distancia, hay niños delante.
Elain nos separó con sus antenas, acto que provocó el reproche de Lila y mi risa, Jake simplemente nos miró con curiosidad.
—Elena, ven un momento, tengo algo para ti.
La chica invisible me tomó de la mano y corrió hasta una habitación, dejando a Elain y a Jake en el jardín.
—Cierra los ojos —me dijo antes de abrir la puerta.
Le hice caso y me dejé guiar por ella, al pasar por el umbral de la puerta el suelo duro dió paso a una superficie suave.
—¿Tienes alfombra?
—Si, como suelo ir descalza es más cómodo hacerlo sobre una superficie suave —explicó—. Vale, ya puedes abrirlos.
Hice lo que me dijo y ante mis ojos había una mesa bajita de color rosa palo, y encima de ella una bandeja con unos hermosos cupcakes.
—¿Qué te parecen? ¿Te gustan los dulces? —preguntó emocionada.
—Lila, son increíbles, tienes mucho talento para la cocina.
—Lo sé, pero dímelo después de probarlos, ¿si?
Tomé uno entre mis manos y le di un bocado, el dulce sabor inundó mi boca.
Era algo difícil expresar lo mucho que me gustaban con la boca llena, así que Lila me hizo callar, había vuelto a ser completamente invisible, así que no podía ver su rostro, pero deseé que tuviera una sonrisa.
—Lila, eres increíble, estaban deliciosos, muchísimas gracias, me han encantado.
Acerqué mi mano donde debía estar su rostro, para poder tocar su expresión, saber cómo se sentía, porque no parecía querer mostrarse.
Ella puso la suya sobre la mía, aunque no podía verla sentí su cálido tacto. Noté un ligero pinchazo en el corazón al ver sus lágrimas, era un extraño panorama, una cascada caía de donde no parecía haber nada.
—Lo siento —se disculpó secando sus lágrimas.
Aparté sus manos para secarlas yo, y besé lo que tenía que ser su frente.
—Muchas gracias no solo por los cupcakes, si no por enseñarme una nueva faceta de ti —le susurré.
—Eres tan fantástica, no tienes ni idea de lo que has hecho al venir aquí —murmuró—. No recordaba la última vez que vi a Elain, Irina, y a los demás tan felices, ni siquiera recuerdo haberlos visto así alguna vez, pero desde que llegaste aquí sonríen.
—¿Y tú?¿Estás feliz? —le pregunté.
—Como nunca —me confesó.
Salimos de la habitación, ella estaba más animada que antes.
—Lila —el pequeño Jake parecía preocupado.
—Jake, ¿qué ocurre? —exclamó la chica invisible, todavía animada.
—Hay un problema con Kardian —murmuró.
No entendía por dónde iban los tiros, pero la reacción de Lila me aseguró que no era algo bueno.
—Elena, tengo que irme un momento, ve con alguien y no salgas, por favor, promételo.
Su insistente tono no me dió más remedio que prometerlo, una vez salió corriendo me quedé paralizada en el sitio, sin saber muy bien que hacer o donde ir.
Vi a una chica que no conocía salir de una habitación y caminar deprisa hacia fuera, traté de llamar su atención pero simplemente me ignoró, su cabello era largo y blanco y su piel demasiado pálida, parecía un fantasma.
Por primera vez en mucho tiempo el miedo llegó antes que la curiosidad, y la estúpida noticia que había leído el día anterior no ayudaba para nada.
Probé a tocar alguna puerta, deseando encontrar a alguien que pudiese explicarme que estaba ocurriendo.
—¿Qué cojones quieres?
Sin lugar a dudas no esperaba encontrarlo a él.
Ni siquiera pude contestar, se oyó un grito grave de dolor, y mi cara reflejó él miedo que sentía.
Luciel tomó mi mano y me arrastró dentro de la habitación con un tirón poco amable.
—¿Dónde cojones están los demás? ¿Por qué tenías que tocar a mi puerta? —me gritó enfadado, todo el valor que tuve para enfrentarle la otra vez había sido reducido a cenizas.
—Lo siento, los demás se han ido, y me han dicho que no salga, no quería molestarte, pero no entiendo que pasa y estoy asustada —dije atropellando las palabras.
Él pareció darse cuenta de que su actitud solo empeoraba la situación, así que se alejó de mí y se sentó en la cama, parecía agotado.
—Joder, no me extraña que tenga miedo, esto es con lo que no quería lidiar, con su miedo, serán imbéciles, ¿cómo se les ocurre dejarle sola sin explicarle nada? —murmuró para sí, su tono logró que me relajara un poco, parecía molesto, pero no preocupado.
Me acerqué un poco a él, estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta de que estaba enfrente suya.
Se pasó la mano por el cabello castaño, dejando ver lo que ocultaba su flequillo, su ojo había sido reemplazado por la esfera de un reloj. El cual marcaba la hora perfectamente, al igual que los casi cien relojes que ocupaban prácticamente todas las superficies de la habitación, a excepción de la cama y parte del suelo.
—Luciel, ¿no es exasperante escuchar todo el rato el tic tac? —pregunté, refiriéndome a los relojes de su habitación.
Me dedicó una risa amarga.
—Cuando llevas casi toda tu puta vida con un reloj por ojo te acostumbras, pero si te molesta tanto puedes irte.
—Lo siento, no pretendía molestarte.
—¿Igual que las otras veces?
—Las otras veces solo me estaba defendiendo.
Se quedó en silencio, con la mirada fija en mis manos, que aún temblaban ligeramente.
—No tienes que estar tan preocupada, no va a pasarte nada —murmuró al fin, sorprendiéndome por el tono menos agresivo que había utilizado esta vez.
Asentí con la cabeza a modo de agradecimiento.
Después de unos minutos otro grito volvió a cortar el aire, y yo me encogí de miedo, asustada y preocupada por la situación.
Luciel hizo algo que no me esperaba, agarró mi mano y me sentó a su lado, fue a soltarme pero yo no le dejé.
—Por favor —murmuré, no quería que dejase de sujetarme la mano, el contacto me ayudaba a calmarme.
Bufó con molestia, pero siguió sosteniendo mi mano.
—Ya te he dicho que voy a cuidar de ti, deja de tener miedo —murmuró sin mirarme a los ojos, yo aún temblaba ligeramente.
Apoyé mi costado contra el suyo y mi cabeza en su hombro, dejando que su presencia me diera seguridad, apesar de haber sido un idiota conmigo.
Se tensó pero no me apartó de él.
Podía notar lo delgado que estaba, era preocupante, pero mi mente se quedó en blanco cuando me soltó la mano para rodearme con ese brazo, acercándome más a él.
—Deja de temblar, por favor —su voz nunca había sonado tan dolida como en ese momento.
—Lo siento, Luciel —dije contra su hombro—. Gracias, por esto, no eres tan idiota como pensaba.
—No tienes ni idea.
Nos quedamos los dos en silencio, podía sentir sus pulsaciones aceleradas, pero su cuerpo era firme y cálido contra el mío.
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