Noticias

˙⋆✮NOTICIAS✮⋆˙ ⋆. 𐙚˚࿔ Nuevo Tutorial: Entradas dinámicas: Parte 1 𝜗𝜚˚⋆

04/07/2023

Freak Show: Capítulo 1

Capítulo 1

Escena

En cuanto dijo esas palabras me puse en pie para salir de allí apresurada, al igual que muchas otras personas.

—¿Qué pasa, Saray? ¿Vas a vomitar? —se burló uno de mis compañeros mientras los demás reían—. ¿Qué espectáculo vais a ver primero?

Cada uno se decantó por una carpa diferente y yo me decanté por ir a buscar algo de beber con lo que pudiese aguantar todo el tiempo que mi jefe y compañeros de trabajo decidieran pasar en ese lugar, puesto que habíamos venido todos en el mismo vehículo, irme sola no era una opción, pero entrar en cualquier carpa tampoco lo era.

Me acerqué a un pequeño puesto donde vendían cerveza bien fría y palomitas, con eso aguantaría un día entero si era necesario.

—Póngame una jarra y un bote de palomitas, por favor —dije sin fijarme siquiera quien había dentro del puesto.

—Enseguida, señorita —la voz me resultó familiar y cuando eché un vistazo me di cuenta de que era la mujer barbuda quien me estaba sirviendo, vista tan de cerca pude apreciar que sus ojos eran verdes, lástima que fuesen tan bonitos en un rostro tan espantoso.

Me entregó la orden y le pagué sin mediar más palabra.

—Que el demonio me lleve pronto —maldecí al aire, sabiendo que me esperaba un buen tiempo muerto, por suerte no hacía frío así que me senté en una mesa al lado del puesto.

Sorbía la cerveza con lentitud, tratando que durase para no dejarme allí todo el dinero que me quedaba para pasar el mes.

—Señorita, ¿no le interesa ninguno de los espectáculos? —preguntó la mujer barbuda, quien se había acercado a apenas dos metros de mí.

—No —contesté seca, no quería hablar con una criatura sucia como ella.

Pensé en levantarme y buscar a alguien con quien charlar, pero todo el mundo debía encontrarse dentro de las diferentes carpas.

La mujer seguía ahí parada, tal vez pensando en que decirme a continuación cuando se oyó un grito femenino.

Me levanté tan rápido que volqué todo lo que tenía encima de la mesa y corrí hacia donde me había parecido oír la voz, temiendo que alguno de esos monstruos degenerados pudiera lastimar a una mujer inocente.

Seguí las voces y el revuelo que se oía, aunque era algo difícil puesto que de las carpas también salían muchos gritos y exclamaciones.

Me detuve en seco entre dos carpas cuando encontré las voces que estaba buscando, pero la escena era tan diferente a la que me había imaginado que me quedé totalmente quieta.

—¿Qué pasa nena? ¿Acaso quieres quedarte a mirar o qué? —el hombre que había dicho aquello era grande y apestaba a alcohol, tenía a una mujer de cara contra un árbol y le había arrancado el vestido—. Luego nos podríamos divertir tú y yo.

Aquello me había dado más asco que el espectáculo de bienvenida, se me erizó la piel morena en desagrado.

La mujer estaba sollozando, su cabello era corto y castaño, la reconocí como la mujer palo, no tenía brazos, su piel era morena y su cuerpo delgado, por lo que parecía una rama.

Otros dos hombres estaban a unos metros sujetando contra el suelo al joven bestia, quien tenía unas manos anormalmente grandes y recubiertas de retorcidas cicatrices que les daban aspecto de garras, su piel y cabello eran del mismo color de la mujer, parecía su hijo. Él no paraba de retorcerse tratando de que lo soltasen, tenía el labio y la ceja llenas de sangre y una mueca de dolor continua en el rostro, aún así no dejaba de moverse ni un segundo.

—De verdad que no entiendo a los tipos como tú —suspiré, porque yo no podía callarme ni una, y aquellos borrachos asquerosos no me daban ningún miedo, podía sentir a mi padre gritándome que dejara de ser tan temeraria—. Eres grande y fuerte, y si te arreglases un poco podrías resultar incluso atractivo, pero prefieres violar a mujeres tullidas mientras tus amiguitos sujetan a su hijo contra el suelo, bravo.

Aplaudí de forma lenta, buscando provocarlo y que soltase a la mujer, me incomodaba de sobremanera esa escena.

—¿Eso es que quieres que te folle a ti? —dijo con tono agresivo mientras daba grandes zancadas hacia mí, sus movimientos eran torpes y lentos, iba borracho como una cuba. La mujer palo simplemente se dejó caer al suelo y se hizo un ovillo.

El hombre llegó a mi altura, era más alto que yo, a pesar de que yo no era precisamente bajita.

—Yo no follo con perdedores —enfatice la palabra follar, a los tipos duros como él les gustaban las mujeres que hablaban mal.

Trató de ponerme una mano en el cuello pero me aparté con un manotazo, y con una patada fuerte y veloz en el orgullo masculino se cayó al suelo.

Sus dos compañeros soltaron al joven de las garras y se lanzaron a por mi, estos eran menos musculosos, pero no iban ni la mitad de borrachos.

Puede que supiese algo sobre defenderme, pero en una pelea contra dos hombres adultos no las tenía todas conmigo.

Esquivé al primero que trató de agarrarme y le hice la zancadilla, el segundo me dio un buen golpe en el estómago que me hizo retorcerme y escupir, pero le contesté con un codazo en la boca que le abrió el labio mientras pateaba la cabeza del que se había caído al suelo. El grandullón seguía retorciéndose de dolor.

Me llevé y di algunos golpes más antes de que decidieran que pelear contra una mujer joven era una pérdida de tiempo, entre los dos se llevaron a rastras al borracho.

—Que os follen a vosotros, gilipollas —les grité mientras se retiraban, sentía un dolor desagradable en la sien izquierda y en los nudillos, pero por suerte no me habían roto nada.

Cuando me giré y vi al joven bestia abrazando y consolando a la mujer palo mientras la mujer barbuda se arrodillaba a su lado caí en la cuenta de que me había arriesgado por unos engendros.

Me di la vuelta y comencé a andar, buscando algo con lo que entretenerme.

—Espera, por favor, estás sangrando —la mujer barbuda estaba detrás de mí, así que me giré a mirarla con desagrado.

—Déjame tranquila, puedo cuidar de mí misma —contesté mientras palpaba mi rostro, hice una mueca de dolor porque en efecto estaba sangrando.

—Si no te pones hielo se te va a hinchar toda la cara —me recordó a mi madre regañándome, pero borré rápidamente esos pensamientos, porque ese engendro peludo no se parecía en nada a ella.

—Bueno, pues dame hielo para que no pase —accedí, porque llevar la cara como un globo tampoco entraba en mis planes.

—Ven, y déjame vendarte los nudillos —comenzó a andar hacia donde se encontraban las caravanas, allí sentados en unas sillas medio rotas estaban la mujer palo y el joven bestia.

—¿Para qué la has traído, Sofía? —gruñó literalmente el joven bestia.

—Porque a la pobre le han dado para el pelo —contestó la mujer barbuda y me indicó una silla en la que me senté con un resoplido, el chico de las garras no me quería ahí, ni yo quería estar, pero me dolían las manos y la cabeza horrores.

—Tampoco te pases, han sido unos toquecitos suaves —al instante me regañé a mí misma por bromear con aquellos seres.

—Gracias —murmuró la mujer palo, la miré a los ojos, eran verdes y ya estaban completamente secos, era una mujer valiente, y eso junto a la gratitud que expresaba su mirada hizo que me plantease si aquellas criaturas eran tan diferentes a la gente que conocía.

Iba a ignorarla, y ella lo sabía, porque había girado el rostro sin esperar una respuesta por mi parte, pero la manera en la que el chico había cubierto a su madre con su camiseta, las cicatrices que cubrían su torso, las que cubrían el cuerpo de ella, como se habían abrazado cuando aquellos tipos los soltaron, joder, eran totalmente diferentes a las personas que conocía, pero no precisamente en el mal sentido, fue por eso que contesté, porque tal vez había juzgado mal a estos seres que tan infames me habían hecho creer que eran.

—No hay de qué, al menos he llegado a tiempo —murmuré algo borde.

—Corriste en el instante en el que te diste cuenta de que alguien tenía problemas —comentó la mujer barbuda, creo que el de las garras la había llamado Sofía.

Asentí sin saber que responder a aquello, había corrido porque pensaba que ellos estaban causando problemas, no al revés.

—Levanta la cabeza, por favor —dijo Sofía.

Le hice caso, pensé que me resultaría desagradable que me tocara, pero sus manos eran firmes y tiernas, limpió mi rostro de sangre con la delicadeza de una madre.

—¿No deberías ocuparte de él primero? —pregunté al ver que el chico seguía ensangrentado.

—Azaih me va a hacer discutir, prefiero ocuparme antes de ti —contestó mientras me hacía sujetar una bolsa de hielo contra mi sien y empezaba a curar mis nudillos.

—Mi hijo tiene un carácter de mierda —aclaró la mujer palo, era la única de la que aún no había oído su nombre, su tono era ligero y alegre, había ocultado por completo el terror que había sentido momentos atrás.

Azaih simplemente bufó e ignoró a las dos mujeres mientras sujetaba una de sus enormes manos contra su costado, probablemente tenía alguna costilla rota.

—Ya está, señorita —le di el hielo a la mujer y miré mis manos, estaban muy bien vendadas.

—Gracias, Sofía —quería irme ya de allí, ellos no eran como pensaba y eso me hacía sentir incómoda por razones que no quería analizar.

Los tres me miraban sorprendidos y yo no tenía ni idea de porqué.

—Bueno, yo me voy ya, tengan buena noche —me despedí de forma brusca y salí casi corriendo de allí, en cuanto llegué a la zona de las carpas recibí un abrazo que casi me tira al suelo.

—Mi Saray querida, pensaba que te habías ido sin nosotros —lloriqueaba uno de mis compañeros de trabajo con el aliento apestando a alcohol.

—¿Qué te ha pasado? —preguntó mi jefe quitándome de encima a aquel pesado, él era el que menos había bebido.

—Es una larga historia que no me apetece contar —contesté caminando hacia el coche, no quería volver a pisar ese lugar ni pensar en los engendros nunca más.

—A Saray no le ha gustado la feria, que mal, porque mañana vamos a volver —balbuceó otro de mis compañeros.

Me giré hacia mi jefe con los ojos abiertos de par en par.

—He comprado un bono para todo el tiempo que esté aquí la feria, son muchos espectáculos y pocas horas las que podemos estar aquí, porque nos levantamos temprano para trabajar —explicó encogiéndose de hombros.

—Y tú tienes que venir, porque tú no te emborrachas tanto y así puedes conducir —siguió balbuceando mi compañero.

Bufé al cielo, sabiendo que nada me libraría de ir a aquel infierno todas las noches que la feria permaneciera en el pueblo.

Imagen de personaje

No hay comentarios:

Publicar un comentario

GIF decorativo