Escena
Adara
Escuché una música familiar que me hizo abrir los ojos. Estiré los brazos y parpadeé varias veces antes de pensar siquiera en levantarme, era una rutina que había adoptado por el simple placer de perder el tiempo, aunque sentía que algo diferente sucedía aquel día.
Apoyé los pies descalzos en el suelo, la piedra estaba tan fría como de costumbre, las paredes seguían igual de rojas, mi cama deshecha de tanto moverme, mi escritorio con mi portátil y miles de hojas sueltas y mi armario en su sitio, así que no entendía por qué aquella mañana parecía tan extraña.
Me giré hacia mi mesita de noche, para silenciar el tono que me había despertado y me di cuenta de que la música que estaba sonando no era la del despertador al que estaba acostumbrada, sino la de una videollamada entrante. Tardé algunos segundos más en contestar, analizando que a alguien se le había ocurrido despertarme antes de tiempo, y que a ese alguien le esperaba un buen golpe en cuanto lo tuviese enfrente.
—¿Qué quieres, Ash? —pregunté con el ceño exageradamente fruncido—. ¿Y por qué no parece que te acabes de levantar?
—Porque he madrugado para terminar un trabajo de filosofía. —contestó él sin darle importancia a mi falso enfado—. ¿Has visto las últimas tendencias en Magic?
La diversión brillaba en sus ojos oscuros mientras ponía una mueca de desaprobación. Prácticamente todos los alumnos del centro utilizábamos Magic, una red social pensada para que pudiéramos comunicarnos y publicar videos e imágenes sin riesgo de que se filtrara información sobre la magia.
—Por supuesto, es lo que hago todas las mañanas nada más abrir los ojos —contesté con sarcasmo.
—Tan agradable como siempre —murmuró con un tono idéntico al mío—. Pero es maravilloso que aún no las hayas visto, porque me complace anunciarte que tu numerito de la salsa picante de hace una semana está número uno en tendencias.
No pude evitar sonreír con satisfacción, no había hecho aquella tontería para que se hiciese viral, sino para animar a Ash por haber sacado una mala nota en su último trabajo; de todas formas, me resultaba divertido saber que a los demás también les había parecido gracioso.
—¡Adara! —Casey entró por la puerta a toda velocidad sin molestarse siquiera en llamar, también debía haberse despertado recién, porque su cabello negro con mechas parecía el nido de algún ave amante del color rosa—. Tu video del comedor tiene más compartidos que la última foto del imbécil de Gabriel Rockdragon.
Respiraba con dificultad, debía haber recorrido los dos pasillos que separaban nuestras habitaciones a toda velocidad.
—¿Qué se siente ganar a uno de los chicos más populares del instituto? —preguntó Ash aún en la llamada.
—Pregúntame eso cuando haya desayunado y mis tres neuronas estén en pleno funcionamiento. —contesté.
—Tus tres neuronas nunca están en pleno funcionamiento —aclaró Casey y saludó a Ash a través de la pantalla.
Él sonrió ante aquel comentario.
—Digamos que tres neuronas ya son más de las que tienes tú —respondí dándole un golpecito en la nariz a mi amiga.
—Deberíais arreglaros las dos, os espero en el comedor —se despidió Ash antes de colgar, con un suspiro que dejaba muy en claro lo que opinaba de nuestras ridículas discusiones.
Casey me devolvió el golpe y salió corriendo de mi habitación, estuve a punto de perseguirla, pero sabía que Ash nos mataría si llegábamos tarde al desayuno, así que muy a mi pesar opté por quitarme el pijama y tratar de que mi cabello no tuviera la forma de una melena de león; con el color era más que suficiente.
—Llegáis tarde, para variar —suspiró nuestro amigo en cuanto nos vio aparecer. Casey y yo simplemente le sonreímos con dulzura mientras nos colábamos en la fila del desayuno de forma descarada.
—Las chicas guapas necesitan arreglarse antes de empezar el día, Ash —exclamó Casey mientras negaba con la cabeza.
—Adara lleva la misma ropa deportiva que ayer, y ni siquiera se ha peinado —me atusé el pelo ondulado ante aquel comentario—. Y tú apenas llevas un poco de gloss y uno de tus conjuntos predeterminados.
Ambas lo miramos indignadas, los brazos cruzados y el ceño muy fruncido en señal de protesta.
—¿Qué problema tiene este con mis conjuntos rositas? —murmuró Casey entre dientes—. Como si sus jerseys beiges fueran mejores.
—Sí que me he peinado —protesté yo—. Ni que tu cabello negro estuviera mucho más ordenado.
Ash simplemente sonrió ante aquello y nos revolvió el pelo a ambas, haciéndonos olvidar por completo nuestro enfado.
En cuanto conseguimos nuestros cafés y tostadas corrimos a conseguir sitio; se suponía que el comedor era suficientemente espacioso para permitir que todos los alumnos tuvieran un lugar, pero lo realmente difícil era conseguir asientos juntos para comer con tus amigos.
—¿Los oyes, Adara? —me susurró Casey al oído mientras me terminaba el desayuno—. Todos esos murmullos inconexos están hablando de ti.
Sonreí ante aquello, sintiéndome el centro de atención.
—Los chicos detrás de mí están hablando del examen que tienen de defensa personal, y los de allá de literatura —Ash como siempre era el encargado de chafar nuestras ensoñaciones.
—Puede ser que no todos hablen de mí, pero sí muchos —aclaré con orgullo.
—Adara Firesun, la mujer más picante del internado —dijo Casey como si de un titular se tratase—. Y por supuesto, sus dos mejores amigos, la adorable Casey Gentletide y el responsable Asher Rottenshadow.
—Tú de adorable tienes poco, eres un demonio —exclamó Ash poniendo los ojos en blanco.
Nosotras simplemente seguíamos diciendo estupideces y riéndonos de nosotras mismas, siempre éramos así, las dos locas con energía infinita junto a nuestro chico tranquilo y responsable.
Cuando al fin comenzaron las clases, mientras yo me despedía con mucho dramatismo para ir a matemáticas, asignatura que me causaba pesadillas, Ash tuvo que arrastrar con dificultad a Casey con él a filosofía.
Pude soportar con entereza la hora con el profesor Reddreams, pero en cuanto comenzó la siguiente clase mi mente se dispersó por completo; sabía que debería estar tomando apuntes, literatura no era tampoco una de mis especialidades, pero solo podía pensar en que llegase la hora del descanso.
La tercera hora, filosofía, fueron los sesenta minutos más largos de mi vida, mis ojos se redirigían una y otra vez hacia el reloj que colgaba en una de las paredes blancas de la clase, y la profesora me tuvo que llamar la atención unas cuantas veces.
—Adara, por favor, te pido que me prestes un poco de atención —exclamó por octava vez consecutiva la mujer de cabello castaño.
—Espere un momento, profesora —conté los tres diez segundos que quedaban para que sonase el timbre—. Perfecto, nos vemos mañana.
Dije antes de salir corriendo del aula, dejando a la pobre profesora con la palabra en la boca; de todas formas iba a suspender filosofía.
Encontrarme con mis amigos en el patio fue una maravilla, al igual que todos los días, una de mis especialidades era ser feliz simplemente por existir.
—No sé cómo puede gustarte recibir tanta atención. —murmuró Ash mientras pasaba en el jardín junto a un grupo que estaba hablando de mí.
—Me siento como una maldita estrella del cine. —respondí alzando mis brazos con aire despreocupado.
—Y como estrella que eres siempre tienes que llegar tarde. —bromeó uno de los chicos que nos estaban esperando para jugar al fútbol.
Le guiñé un ojo con descaro.
—Sinceramente, el fútbol es uno de los deportes que menos me gustan de los que solemos jugar. —suspiró Casey—. Pero ya que estamos, yo soy centro.
—Yo paso de jugar, puedo ser árbitro si no os parece mal. —dijo Ash.
—Asher, nos vienes perfecto, pero espero que seas imparcial. —bromeó una chica que parecía ir detrás del pelinegro—. La última vez dejaste que Casey nos lanzara magia de agua a los ojos para cegarnos.
—Prometo que seré un árbitro justo.
—Yo voy a ser un maldito muro, en mi portería no va a entrar ni el aire. —bromeé.
Empezaron el partido con ganas, todos los lunes se reunían unos cuantos alumnos en la hora que tenían de almuerzo para alguna competición deportiva, ya fuese fútbol, baloncesto, rugby, béisbol, e incluso algunos deportes menos conocidos siempre y cuando pudiesen hacerse con el material.
No estaba exagerando cuando dije que iba a proteger con todo la portería; nuestro equipo iba ganando dos a cero, porque mis reflejos eran terroríficos.
—Largo, vamos a jugar. —la voz del chico más insoportable del instituto hizo que mis hombros se tensaran y me acercara a él sin temor alguno.
—No sé qué te hace pensar que tienes más derecho que nosotros a estar aquí —a pesar de que era varios palmos más baja que él, no me intimidé ante su mirada de desprecio.
—Eso, nosotros reservamos el campo ayer —Casey se asomó por mi hombro, levantando la barbilla.
—¿Y? —los ojos rojos de Aidan estaban más brillantes de lo normal, lo estaban enfadando.
—¿No podemos jugar todos?
Asher merecía un puñetazo, claro que no podíamos jugar todos, pensaron las chicas.
—Juguemos.
Casey y yo nos miramos atontadas ante la respuesta más inesperada de nuestras vidas. Pero ninguna de las dos iba a desaprovechar la oportunidad de medirse con El Temible Aidan Goldflames, mote que nos había hecho llorar de la risa durante horas.
Se prepararon para jugar, pero apenas pasaron quince minutos antes de que los dos portadores de fuego se dieran cuenta de que la única persona en el campo que resultaba un verdadero desafío era el otro. Aidan era el único que había conseguido marcarme un gol, y yo era la única que había logrado parar un tiro del castaño.
El partido terminó convertido en un desafío de penaltis de Aidan para mí, y parecía que no tenía fin, ya que cada vez que uno de los dos se hacía con el marcador el otro empataba.
—Aidan, habíamos quedado para ir juntos a literatura, y ya llegamos todos aquí veinte minutos tarde a nuestra siguiente clase. —la persona que había conseguido romper la atmósfera de aquella competición era la chica más espectacular del internado. Erea Goldflames solo compartía con su hermano sus espectaculares ojos rojos. Donde él era músculo bronceado, ella era curvas claras; donde él era cabello castaño corto, ella era largo cabello negro. Tal vez también compartiesen esa injusta belleza y esa franqueza insensible, pero era bien sabido que Erea era mucho más sociable que su hermano.
—Aún no hemos desempatado. —contestó su hermano.
—No podría importarme menos, nos vamos a clase. —dijo mientras se recolocaba el flequillo recto y golpeaba el suelo con uno de sus tacones.
Pocas personas podían decirle que no a esa chica, y su hermano no era la excepción.
Mientras se dirigía junto a Casey a su siguiente clase, su cabeza golpeó contra una taquilla, una taquilla de piel bronceada y pelo castaño.
—Mira por dónde vas, enana —dijo con voz despectiva.
—Mira tú por dónde vas, saluda nubes —su insulto mucho más original que el de Aidan.
—Sí, no vaya a ser que te hernies por mirar hacia abajo —añadió con sarcasmo una voz conocida en todo el internado.
—El que faltaba —murmuró Casey, quien odiaba a Gabriel desde que este le robó a la chica que le gustaba hacía tres meses.
Aidan simplemente nos enseñó los dientes y siguió su camino.
—Tan agradable como siempre, ¿no, chicas? —la broma del rubio no pareció hacerle gracia a ninguna de las dos.
—Vámonos, Adara —Casey me tomó la mano y nos alejamos de esos ojos castaños y esa sonrisa perfecta.
Asher
Pensar que sus amigas eran capaces de plantar cara al chico más peligroso del internado, provocaba que se avergonzase de su propia debilidad, de no poder plantarle cara a esa maldita enfermedad.
—Ash, ¿estás escuchando? —la voz de Adara le devolvió a la comida.
Al levantar la cabeza vio las miradas de preocupación de sus amigas, lo que debían estar viendo: las sombras negras bajo sus ojos, a juego con su cabello.
—Sí, perdón, sigo alucinando por el hecho de que llamases “saluda nubes” a Aidan Goldflames —bromeó y notó cómo se relajaban.
—Casey, ¿Ash tiene unas ojeras más oscuras que sus ojos o es mi percepción de recién levantada?
—Yo también me he fijado; me gustaría creer que es porque ha trasnochado con algún trabajo, pero sabiendo su historial familiar me preocupa que pueda ser algún síntoma de su enfermedad. —contestó Casey, poniéndole palabras a mi mayor preocupación.
—Yo solo espero que si los síntomas empeoran nos lo cuente, tiene que saber que no lucha solo.
—Ya sabes cómo es Ash, siempre trata de ser el hermano responsable del grupo —suspiró ella mientras caminaba hacia la puerta—. Nos vemos en unos minutos, prepárate para ser la estrella del internado hoy.
Sonreí ante tal perspectiva, pero la preocupación por el estado de salud de mi mejor amigo aún persistía en mi cabeza.
Después de comer tenían que volver a clases. El laboratorio de química se encontraba algo alejado del edificio principal y Ash llegaba más pronto de lo habitual, así que el paseo hasta allí era tranquilo y silencioso.
Se detuvo al ver a uno de sus gatos cerca de un árbol.
—Ronnie, ¿qué haces por aquí? ¿ya has vuelto a escaparte? —se acercó al gato atigrado con intención de saludarlo, pero se detuvo al ver una mano que acariciaba su cabeza.
—Así que te llamas Ronnie —murmuró una voz ronca, que le puso los pelos de punta.
Observó cómo una nube de humo salía de los labios del chico que estaba acariciando a su gato. Estaba mirando hacia abajo, así que su cabello negro y revuelto le cubría casi todo el rostro, pero solo había una persona lo suficientemente audaz o indiferente como para fumar en los territorios de la profesora Seagood: Nirav Bugking.
El chico levantó la cabeza y sus intensos ojos verdes se cruzaron con los de Ash, quien apartó la mirada y se alejó lo más rápido que pudo; no era prudente juntarse con personas problemáticas como él.
La clase de química con la profesora Seagood estaba siendo más aburrida de lo normal, y él luchaba por mantenerse despierto; esa noche la había vuelto a pasar casi en vela, su enfermedad apenas le dejaba dormir.
«Todos los miembros de este centro deben acudir al comedor». La voz de la directora sonó por todo el lugar, amplificada con algún hechizo.
Todos los alumnos salieron del laboratorio para dirigirse al lugar de reunión; Asher solo podía pensar en que eso era la segunda cosa inusual que le pasaba ese día, porque encontrarse con Nirav era algo totalmente fuera de lo común.
Una vez allí fue arrastrado por sus dos mejores amigas, quienes lo empujaron lo más cerca del estrado posible; eran unas completas y absolutas cotillas.
La directora explicó que había habido un asesinato: la víctima, Alexia Earthquake, era una chica bastante popular. Todo el mundo estaba conmocionado. Indican que no habrá cambios en los horarios, pero que habrá toque de queda, así como que estará prohibido que los alumnos vayan solos a cualquier lugar; siempre deberán ir en parejas o en grupo.
Ash oyó a un grupo de alumnos murmurando que el cadáver tenía quemaduras, insinuando que el asesino podría haber sido Aidan.
—¿Cómo va a matar ese a nadie? —preguntó Adara incrédula—. ¿Es seguro que el asesino ha sido alguien del centro?
—No se sabe con certeza —comentó Casey—. Pero supongo que encontrarán rápido al culpable.
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