Escena
Resumiré el comienzo de esta historia para poneros en contexto.
Mi abuelo se ha muerto.
Me ha dejado como herencia una casa y un terreno en mitad de la nada que nadie sabía que tenía.
Solo yo puedo entrar legalmente al terreno.
Debo ir allí para más información.
En fin, ni de coña voy a ningún lado.
O por lo menos esa era mi intención, quedarme en casa de mis padres mientras buscaba un piso en el que poder vivir.
—Emma, ¿has pensado en mudarte a la pedazo de casa que te ha dejado el abuelo cómo herencia? —el tono de mi hermana pequeña indicaba que se sentía dividida entre los celos y las ganas de quedarse con mi habitación.
—Está a mil años luz, ¿y el trabajo? —dije a modo de excusa.
—Rata asquerosa, eres escritora, puedes trabajar desde el fin del mundo mientras tengas internet —respondió ella sacándome el dedo.
—Precisamente, fijo que la casa no tiene internet.
—Hay un pueblo a veinte minutos en coche, cuando tengas que enviar algo te acercas allí y ya —en el fondo sabía que mi hermana me quería, pero quería más ser la única hija en la casa.
Así que tras varias discusiones así, terminé por aceptar ir a echarle un ojo a la herencia, por simple curiosidad.
Algunas horas de coche aburridisimas más tarde llegué a mi destino, un casoplón victoriano del siglo XIX, rodeado de un jardín disney y un bosque digno de una película de terror, brillante combinación.
No tuve que bajarme del coche para darme cuenta de una cosa la mar de curiosa, la casa no estaba deshabitada, porque a no ser que los rosales se podasen solos, alguien los había mantenido bien cuidados.
Me sentí tentada de volver al pueblo más cercano y esperar a que se hiciera de día, porque de noche todo daba más miedito.
—De puta madre, aquí vive ya alguien —dije tras poner pies en tierra—. Bueno, me la pela, es mi herencia.
—Señorita —una voz masculina a mi espalda me hizo dar un bote con el que me subí al capó de mi coche.
—Atrás, Satanás —grité hacia el joven elegante que me observaba con la cabeza ladeada—. Soy la reina de este terreno, sucio ladrón.
Desde luego que aquel rubio de rostro amable no parecía un ladrón, y mucho menos estaba sucio, pero seguía sin saber quién cojones era.
—Lamento haberla asustado, sé que usted es la heredera de la Mansión Lehae, la he escuchado llegar y venía a darle la bienvenida —dijo sin perder la calma, una pequeña sonrisa divertida tironeando de sus labios—. Mi nombre es Christopher, es un honor tenerla aquí.
Hizo una pequeña reverencia muy pasada de moda, por un momento pensé que me estaba tomando el pelo, pero hablaba con tanta convicción que no creí que estuviese interpretando ningún papel, él realmente era así.
Llevaba el cabello rubio bastante largo, recogido en una coleta baja. Su ropa iba totalmente a juego con la mansión, traje victoriano de un hermoso color cielo.
—Muy bien, Christopher —dije bajándome del capó y tratando de recuperar mi dignidad perdida—. Me llamo Emma, lamento el numerito, pero no tenía ni idea de que aquí vivía alguien.
—Soy yo el que lo siente de nuevo, de veras que no era mi intención asustarla —volvió a disculparse con una reverencia—. Su abuelo me dejó a cargo de cuidar la Mansión, y de informarla de todo si decidía venir aquí.
—Entiendo —asentí—. Pero por favor, ¿podrías no ser tan formal? Me da mal rollo.
Levantó las cejas un poco sorprendido.
—Es la costumbre, trataré de no incomodarla —frunció un poco el ceño antes de corregirse—. Incomodarte, perdón.
—Está bien, tranquilo —me reí ante aquel extraño personaje, un chico joven que parecía sacado de un cuadro de hacía dos siglos—. Y bien, ¿de qué me tienes que informar?
—Si eres tan amable de acompañarme —hizo un gesto elegante con la mano para que lo siguiese—. Te llevaré a la habitación que tu abuelo preparó para ti, allí hay una carta que él mismo redactó para ponerte al corriente de todo.
Era tan gracioso ver como todo el rato debía corregir su forma de hablar, este chico estaba totalmente acostumbrado al trato formal, pero era un completo inepto con el informal.
—Muy bien, pues allá vamos —lo seguí con curiosidad, porque una mansión con terreno era una buena herencia, pero un mayordomo guapo y amable era todavía mejor.
Me guió por el precioso jardín, y entramos a la casa bien iluminada, todo estaba limpio y ordenado, los cuadros y decoración antigua me dejaron sin respiración.
—Es hermosa, ¿verdad? —preguntó Christopher con una dulce sonrisa, me fijé en que sus ojos eran del mismo color que su traje.
—Ya te digo, es un puta pasada —exclamé mirando en todas direcciones.
Me siguió guiando por pasillos y salones que me hacían suspirar y saltar de emoción, de vez en cuando me miraba con una expresión algo extraña en el rostro, tal vez entre la esperanza y la tristeza, lo cual me extrañó mucho.
Por fin llegamos a una puerta distinta a las demás, mientras todas eran de un blanco impecable, esta estaba pintada de dorado y mi nombre estaba grabado en ella.
Christopher me tendió una llave.
—Soy el único que tenía acceso ahí, la he mantenido limpia para ti.
—¿Vive más gente en la mansión? —pregunté al darme cuenta de lo que indicaban sus palabras.
—Enseguida lo entenderás todo, adelante.
Así fue como entré a la habitación y descubrí el secreto que guardaba mi abuelo, os lo resumo:
Esta mansión es un hogar de vampiros, y ahora yo soy su propietaria. Así que para quedarme con la herencia debía permitir que los vampiros se quedaran a vivir aquí.
—Chris, ¿eres un puto vampiro? —me asomé al pasillo, donde él me miraba paralizado—. Abre la boca.
Me hizo caso sin dudar.
—No tienes colmillos —exclamé decepcionada.
—Los colmillos no siempre están fuera —murmuró.
—Pero sí que eres un vampiro —él asintió inseguro.
Vampiros jejeje 😋😋
ResponderEliminarLa prota tiene los mejores comentarios que he leído en mi vida 🚬
Cineee 🚬🚬
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